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Encuentran la tecnología de caza más antigua del área centro-sur de los Andes en los propulsores de Caleta Huelén 42 (Chile)

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¿Sabías que los museos esconden más de lo que muestran al público en sus vitrinas? Lo que podemos ver en cualquier visita es solo una pequeña parte de los fondos totales de la institución. Ahora, imagina un cajón de museo que haya permanecido cerrado durante cincuenta años. Dentro, envueltos en papel polvoriento, descansan nueve palos de madera oscurecida que nadie ha vuelto a examinar con atención desde que salieron de la tierra. Sin embargo, ese cajón guarda, en realidad, una potente máquina de caza: el arma que permitió a los primeros habitantes del desierto de Atacama derribar presas a distancia mucho antes de que existieran el arco y la flecha.

Se trata de los propulsores, también llamados estólicas, artefactos que funcionan como una prolongación del brazo humano para lanzar dardos con mayor fuerza y alcance. Los arqueólogos Benjamín Ballester y Patricio de Souza han vuelto a examinar la colección excavada en la década de 1970 en el yacimiento costero de Caleta Huelén 42 y lo que han descubierto reescribe la evolución de la tecnología de caza del pasado. Se trata de los propulsores fechados de forma directa más antiguos conocidos en toda la región andina. Su recuperación arqueológica permite comprender cómo cazaban los primeros pobladores del desierto más árido del planeta, antes de la llegada de la agricultura y la cerámica, y de qué manera maximizaron sus capacidades para sobrevivir en un entorno hostil.

Antes de que el arco y la flecha dominaran los Andes, durante tres milenios el propulsor fue la herramienta que definió la supervivencia en el desierto.

Propulsores de Caleta Huelén 42
Propulsores de Caleta Huelén 42. Fuente: Ballester y de Souza 2026.

Un yacimiento junto al río que nunca dejó de fluir

Caleta Huelén 42 se asienta en la desembocadura del río Loa, el único curso de agua que llega al mar en casi 800 kilómetros de costa desértica. Ese oasis fluvial hizo de este lugar un punto de encuentro para los cazadores-recolectores marinos que, entre 6500 y 4000 años A. P., construyeron más de cien estructuras semisubterráneas de piedra.

Los antiguos habitantes del yacimiento enterraron a sus muertos bajo los suelos de las viviendas. Junto a los cuerpos, depositaron ajuares funerarios con textiles, pipas y herramientas de caza y pesca. Entre esos objetos, aparecieron 12 propulsores. Tres de ellos se hallaron en los basureros domésticos y nueve en contextos funerarios, aunque el equipo investigador solo logró localizar nueve en la colección actual. Los investigadores, además de fotografiar cada pieza y realizar dibujos técnicos, hicieron algo más: enviaron muestras de madera de dos ejemplares para datar las herramientas por radiocarbono, algo que nunca se había hecho antes con propulsores andinos de forma directa.

Los propulsores de Caleta Huelén 42 son, hasta hoy, los más antiguos fechados de forma directa en toda la región andina.

Desembocadura del río Loa
Desembocadura del río Loa. Fuente: Ballester y de Souza 2026.

Qué es un propulsor y por qué cambió las reglas de la caza

Para entender la importancia del hallazgo, conviene imaginar una suerte de honda utilizada para lanzar una lanza corta o un dardo en lugar de una piedra. El propulsor es un palo rígido, con un mango en un extremo y un gancho en el otro, que se sujeta a la base del dardo que se pretende disparar. Al lanzar el brazo hacia delante, el propulsor actúa como una palanca que multiplica la velocidad del proyectil. De este modo, los cazadores logran alcanzar presas a mayor distancia y con más fuerza que si solo utilizan el brazo desnudo.

Los expertos consideran que esta tecnología llegó probablemente desde Eurasia, donde los ejemplos más antiguos se remontan a unos 25.000 años A. P. En América, sin embargo, son pocas las evidencias directas de propulsores, ya que la madera, el hueso y el asta rara vez sobreviven al paso del tiempo. Por eso las herramientas de Caleta Huelén 42 resultan excepcionales.

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No es la única característica destacable de los propulsores de Caleta Huelén 42. El conjunto también muestra un diseño coherente entre sí . Las herramientas se caracterizan por un mango bien definido, un cuerpo aplanado y una proyección distal en la que se insertaba un gancho de hueso, sujeto con cuero o tendón. Algunos incluso conservan restos de pigmento rojo aplicado sobre la madera. Esa homogeneidad sugiere una tradición técnica compartida y transmitida de generación en generación entre los grupos costeros.

El propulsor multiplicaba la fuerza del brazo humano y permitía cazar camélidos terrestres con mayor precisión y alcance.

Estructuras en Caleta Huelén 42
Estructuras en Caleta Huelén 42. Fuente: Ballester y de Souza 2026.

Una datación que reescribe el mapa de la caza andina

Las dos muestras analizadas, procedentes de propulsores hallados en tumbas de las estructuras 4 y 6 del yacimiento, proporcionaron fechas que rondan los 5000 años calibrados antes del presente. Se trata, pues, de las primeras dataciones directas obtenidas para un propulsor en toda la región andina y, además, las más antiguas conocidas para esta tecnología en el área centro-sur de los Andes.

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El dato resulta relevante porque, hasta ahora, la cronología de estos objetos se basaba sobre todo en dataciones indirectas o en el análisis de puntas de proyectil líticas, no en el artefacto completo. Confirmar con precisión la antigüedad del propulsor permite anclar con solidez la cronología de una tradición tecnológica que antes solo se intuía.

La similitud entre las piezas costeras y otras halladas a 500 kilómetros en la puna de Jujuy sugiere la existencia de redes de contacto muy antiguas.

Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Objetos compuestos, historias compartidas

Lo más llamativo, quizá, es lo que estos propulsores revelan sobre las conexiones humanas de la época. Su diseño se parece mucho al de los ejemplares hallados en la costa de Arica, a cientos de kilómetros al norte. De hecho, los expertos han notado que guarda un asombroso parecido con un propulsor decorado hallado en una cueva del río Doncellas, en la puna de Jujuy, en el noroeste argentino, a 500 kilómetros de distancia en línea recta.

Esa coincidencia no parece casual. Los investigadores plantean que estos objetos circulaban a través de redes de contacto entre las comunidades costeras y las poblaciones interiores, que habrían compartido bienes y conocimientos técnicos. Los propulsores, sugieren los autores de la publicación de Antiquity, probablemente se usaron para cazar camélidos terrestres.

Con el tiempo, hacia el siglo V d. C., el arco y la flecha fueron sustituyendo poco a poco al propulsor. Durante al menos tres milenios, sin embargo, estas sencillas varas de madera fueron la herramienta estrella que permitió a los habitantes del Atacama enfrentarse a un territorio hostil y salir victoriosos.

Referencias

Ballester, B. y de Souza, P. 2026. «Spear-throwers from Caleta Huelén 42 (northern Chile): implications for south-central Andean hunting technologies». Antiquity, 1–18. DOI: https://doi.org/10.15184/aqy.2026.10398


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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