Boris Pistorius nunca se imaginó siendo el artífice del rearme alemán. El actual ministro de Defensa de Alemania le contaba hace poco al periodista Isaac Stanley-Becker que creció en un hogar declaradamente pacifista —su padre no permitía pistolas de juguete en casa— y, cuando en 1976 cobró conciencia política, lo que hizo fue unirse al Partido Socialdemócrata. En parte, dice, porque los socialdemócratas germanos fomentaban el acercamiento con Moscú. Una pulsión conocida como Ostpolitik basada en el convencimiento de que Rusia era una realidad geopolítica que no se iba a marchar a ninguna parte y con la que, por tanto, convenía mantener una buena sintonía.El despertar respecto a Moscú comenzó hace ahora doce años. Después de que los rusos se anexionaran Crimea, los alemanes anunciaron que incrementarían el gasto público en defensa hasta situarlo en el 2% de su PIB. Pero solo cumplieron hasta cierto punto, tal y como señaló Donald Trump durante su primer mandato, cuando se quejó de que muchos socios de la OTAN se encontraban lejos de aquel umbral. En una cumbre celebrada en Bruselas en el verano de 2018 el líder estadounidense llegó, incluso, a decir que Alemania era un país “cautivo de Rusia”. Se refería a su dependencia energética.Tres años y medio más tarde sucedió lo que algunos, incluidos varios servicios de inteligencia occidentales, llevaban tiempo advirtiendo: la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Ahí algo en la mentalidad de los gobernantes germanos hizo clic y unos días después el entonces canciller, Olaf Scholz, del mismo partido que Pistorius, anunció un Zeitenwende. Un punto de inflexión. Scholz había viajado a Moscú poco antes de la invasión para intentar prevenirla. Pero, tal y como le ocurrió a Emmanuel Macron, sus esfuerzos cayeron en saco roto.¿Qué prometía el Zeitenwende anunciado por el mandatario alemán? Principalmente, una inyección de fondos a las Fuerzas Armadas de Alemania (Bundeswehr) sin precedentes que, ahora sí, tenía como misión …
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elordenmundial.com



