InicioMundo‘El jardín de los cerezos’, de la dacha al Airbnb

‘El jardín de los cerezos’, de la dacha al Airbnb

Publicado:

Necesitamos tu ayuda para seguir informandoColabora con Nuevatribuna

 

Carlos Valades | @carlosvalades

El regreso de El jardín de los cerezos a los escenarios madrileños en el Teatro Fernán Gómez confirma una vez más la extraordinaria vigencia del teatro de Antón Chéjov. La versión dirigida por Juan Carlos Pérez de la Fuente, con adaptación de Ignacio García May, plantea la tensión entre un mundo que desaparece y otro nuevo que surge en la Rusia de finales del siglo XIX.

La puesta en escena es estáticamente impecable. El escenario del Fernán Gómez, con su tremenda amplitud, se utiliza en toda su profundidad, creando imágenes escénicas que evocan tanto la inmensidad de la estepa rusa como la sensación de vacío que envuelve a los personajes. La escenografía diseñada por el propio Pérez de la Fuente junto a Isi Ponce, el vestuario de Rosa García Andújar y la iluminación de José Manuel Guerra, contribuyen a construir una atmósfera melancólica que encaja perfectamente con el universo emocional de Chéjov. Es muy notable la creación visual de la dacha donde Liuba regresa después de su exilio forzoso en París. La superposición de telas junto con algunas proyecciones incrusta en el espectador el ambiente soviético de una sociedad que mostraba ya amplios signos de decadencia. Quizás el momento estéticamente más bello es la recreación de la escena del baile, músicos incluidos, en un vals de despedida previo a la venta de la casa.

Uno de los pilares fundamentales del montaje es su reparto coral, formado por trece intérpretes que construyen un conjunto de personajes lleno de matices y contradicciones

La propuesta escénica subraya la universalidad de los conflictos, ya sea en nuestras capitales europeas de siglo XXI, o en el final de una época en la que la transformación de las estructuras sociales resquebrajaba las costuras de una sociedad acostumbrada al orden jerárquico y a unas reglas atávicas.

Uno de los pilares fundamentales del montaje es su reparto coral, formado por trece intérpretes que construyen un conjunto de personajes lleno de matices y contradicciones. En el centro del espectáculo se encuentra Carmen Conesa, que interpreta a Liuba Andreyevna. Su trabajo es una mezcla entre una despreocupación por lo material, por lo referente al parné, y la melancolía que siente por un glorioso, aunque trágico pasado.

A su lado destaca el trabajo de Chema León, que interpreta a Lopajin. El personaje representa el ascenso de una nueva clase social pragmática y ambiciosa surgida de los antiguos siervos. León construye al nuevo rico, una persona carente de cultura cuya única determinación es ocupar su lugar de privilegio en la nueva sociedad.

Otro de los trabajos más interesantes es el de Markos Marín, que interpreta a Gaev, el hermano de Liuba, componiendo un personaje incapaz de asumir la realidad económica de su familia y que se refugia constantemente en un idealismo absurdo, un bon vivant acostumbrado a vivir de la sopa boba.

Marta Poveda en el papel de Varia, aporta al personaje una mezcla de severidad y vulnerabilidad, una mujer fuerte que anhela el matrimonio con Lopajin, cuya petición de mano nunca llegará. 

Jesus Torres encarna a Trofimov, el eterno estudiante, poco pragmático y en constante conflicto con la encarnación de la nueva burguesía que representa Lopajin y que hará suyo algún discurso lleno de idealismo.

El universo de Chéjov nos muestra la incapacidad de muchos individuos para actuar cuando la realidad exige tomar decisiones y los personajes se hayan sumidos en una especie de letargo emocional.

El texto resuena en unos tiempos en los que el turbocapitalismo primigenio ya asomaba su patita en la sociedad biempensante de la Rusia zarista, y donde la especulación inmobiliaria ya daba sus primeros pasos (porqué alquilar un espacio si puedes parcelarlo y ganar más). Además, Chejov enfrenta el materialismo y la ambición rampante de las nuevas generaciones frente a un idealismo inmovilista que se ve arrollado por una realidad económica que todo lo devora. Cualquier tiempo pasado fue mejor, sobre todo en lo referente a la vivienda. ¿O no?


Source:

www.nuevatribuna.es

Artículos relacionados

Publicidadspot_img

Artículos recientes

spot_img