Si bien a la hora de analizar la sostenibilidad de cualquier medio de transporte es clave evaluar aspectos ambientales, este concepto incluye también su impacto social y económico. Así, más allá del debate sobre emisiones contaminantes y eficiencia energética, las tecnologías empleadas en el transporte tienen implicaciones sociales de gran relevancia.
Por ejemplo, en lo relacionado con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 8 (trabajo decente y crecimiento económico), el transporte por carretera genera una elevada cantidad de empleos directos e indirectos (1,2 millones en España, según datos del portal del Observatorio del Transporte y la Logística). Pero además debemos considerar aspectos como la calidad del empleo, las condiciones laborales a lo largo de la cadena de suministro y la carga fiscal.
Ampliando el alcance más allá de la mera fase de fabricación del vehículo y sus componentes, conviene echar un vistazo a estos impactos desde su producción hasta la fase de uso. Para ello, hemos llevado a cabo una revisión bibliográfica de artículos científicos que evalúan la sostenibilidad del ciclo de vida del transporte rodado, poniendo el foco en sus repercusiones sociales. Cabe destacar que las investigaciones en esta materia son incipientes, por lo que las conclusiones aquí expuestas deben tomarse con cautela.
Empleo local
El potencial de generación de empleo difiere significativamente según la tecnología del vehículo. Los vehículos de combustión interna tienden a liderar la creación de empleo gracias a una extensa y asentada cadena de suministro que incluye extracción, refino y distribución de combustibles, además de la fabricación y mantenimiento de los vehículos.
En el otro extremo, los vehículos eléctricos de batería generan menos empleo debido a la menor intensidad laboral de sus cadenas de valor, centradas en la producción de electricidad y baterías.
Salud de la población
Desde la perspectiva de los impactos en salud, los vehículos eléctricos (de baterías y de pila de combustible de hidrógeno) destacan por su reducido impacto en las emisiones locales durante la fase de uso (sólo emiten partículas por efecto de la abrasión y el desgaste), lo que se traduce en beneficios directos para la salud, especialmente en entornos urbanos.
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En cambio, los vehículos de gasolina y diésel presentan el mayor impacto sobre la salud humana local debido a emisiones de óxidos de nitrógeno, partículas y monóxido de carbono. Las tecnologías híbridas se sitúan en un punto intermedio, aunque el impacto real varía dependiendo de su uso. Por ejemplo, los vehículos híbridos eléctricos tienden a tener un comportamiento más eficiente, mientras que la efectividad de los vehículos híbridos enchufables depende del hábito de recarga del usuario.
Aunque los vehículos híbridos y los híbridos enchufables pueden presentar impactos relevantes durante la fase de fabricación (principalmente por la producción de baterías), el impacto total en salud a lo largo de su ciclo de vida sigue siendo inferior al de los coches de combustión debido a la drástica reducción de contaminantes durante su operación. Cabe destacar que la introducción en estos últimos de tecnologías de reducción de emisiones, así como la mejora de los combustibles (incluidos los renovables), reduce notablemente el impacto sobre la salud.
El análisis general confirma que la electrificación del transporte supone una mejora clara en términos de salud, especialmente si la electricidad proviene de fuentes renovables.
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Sueldos y condiciones laborales
La transición tecnológica también afecta a los trabajadores y sus condiciones laborales. Según los datos analizados, los automóviles de combustión interna ofrecen los mayores niveles de retribución económica a lo largo de su ciclo de vida. Esto se debe a que involucran sectores tradicionalmente mejor remunerados, como la industria del petróleo o la fabricación de motores térmicos.
En cambio, los vehículos eléctricos de batería muestran los niveles más bajos de remuneración. En parte, porque dependen de la minería de materiales como litio, cobalto y níquel, con salarios generalmente más bajos y condiciones laborales más precarias. Las tecnologías híbridas (híbridos eléctricos e híbridos enchufables) presentan una situación intermedia.
Este patrón sugiere que la electrificación, aunque puede ser beneficiosa ambientalmente, podría desplazar empleo a zonas con menor protección laboral.
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Lesiones laborales
El análisis de los accidentes laborales no fatales revela que los vehículos eléctricos de baterías son la tecnología con mayor número de lesiones asociadas, principalmente por los riesgos en la extracción y procesamiento de los materiales empleados para las baterías.
Este hecho pone de manifiesto un aspecto a menudo ignorado: los posibles beneficios ambientales de los vehículos eléctricos deben equilibrarse con mejoras en las condiciones laborales dentro de su cadena de suministro.
Impuestos totales: ¿quién paga más?
Los vehículos de combustión interna encabezan la comparativa en cuanto a aportación tributaria. Esto se debe a que su ciclo de vida está fuertemente ligado al petróleo, un recurso que atraviesa múltiples fases sujetas a impuestos. Esta cadena energética tradicional implica una recaudación constante para las arcas públicas de cualquier entorno geográfico.
Por su parte, los vehículos híbridos presentan una carga fiscal intermedia. Aunque dependen parcialmente de la electricidad, siguen utilizando combustibles fósiles, lo que los mantiene dentro del marco impositivo clásico. Cuando estos híbridos integran generaciones eléctricas con bonificaciones fiscales (energías renovables), la presión fiscal disminuye, ya que su dependencia del combustible fósil es menor.
El ejemplo más claro de posible reducción de impuestos lo pueden representar los coches eléctricos de baterías, especialmente cuando la forma de generación eléctrica renovable está subvencionada. Según algunos estudios, estos vehículos pueden generar hasta un 96 % menos impuestos que un automóvil de combustión tradicional.
No obstante, estos datos son generales. El contexto geográfico es clave: los regímenes fiscales varían mucho de un país a otro, por lo que los resultados deben interpretarse en función de las condiciones locales concretas.
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La necesidad de analizar los impactos sociales
Este análisis evidencia que los impactos sociales de los vehículos dependen de factores como el origen de la energía, la tecnología de las baterías, la estructura de la cadena de suministro o el entorno geográfico concreto en el que ocurran cada una de las etapas del ciclo de vida. Analizarlos permite identificar áreas de actuación para mejorar la sostenibilidad del sector y minimizar sus efectos negativos.
Mientras que los vehículos eléctricos representan ventajas claras en términos de impactos en la salud pública, sus beneficios en otras dimensiones (como el empleo, la remuneración o la seguridad laboral) requieren un análisis más riguroso. La reciente publicación del estándar ISO 14075 para la evaluación del ciclo de vida de los productos, que incluye factores sociales, sin duda contribuirá a la mejora y extensión de este conocimiento.
Fuente:
theconversation.com



