A Salvador Vicente, presidente de la Asociación de Jardineros de Cantabria, le pilló completamente por sorpresa la llegada del picudo rojo a la comunidad. Era 2022 y, aunque sabía que el escarabajo-plaga ya estaba en Galicia tras colonizar el sur y el este … del país, creía que las bajas temperaturas del norte les protegerían. Pero un día empezaron a llegar avisos sobre palmeras con un aspecto «peculiar, muy raro», cuenta, en la zona más oriental de la región. La inspección no dejó lugar a dudas: el voraz gorgojo originario de regiones tropicales asiáticas se expandía por su territorio. Hoy, calcula, más de la mitad de las palmeras cántabras están afectadas por el picudo rojo.
Es considerada una de las plagas de palmeras más destructivas a nivel mundial, capaz de devorar su interior y matar un ejemplar en tan solo cuatro semanas. Para ella, llegar a la Península Ibérica ha sido encontrar un paraíso. Hay mucha comida, ninguna competencia ni depredador importante y un clima mayoritariamente favorable. A eso se suma que una sola hembra pone entre 300 y 600 huevos en cada puesta. Y puede repetirlo hasta cuatro veces al año, lo que ha permitido el solapamiento de generaciones y un gran crecimiento poblacional.
«Está toda la Península invadida», resume el entomólogo agrícola Enrique Quesada, catedrático en la Universidad de Córdoba (UCO), que asegura que en el sur de España la colonización fue tan brutal en sus primeros años que «por momentos nos cambió el paisaje». «En el norte ahora se nota como se notaba aquí hace unos años», cuenta. El coleóptero, dice, tiene un «potencial biótico impresionante».
Colonización
Una palmera con las ramas caídas, efecto de la infestación.
(FRAN PEREZ)
La colonización inicial de España fue rápida. «El comercio y el transporte humano actuaron como el principal vector de dispersión a larga distancia», cuenta la profesora Trinidad León, directora del área de Zoología en la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH). El ciclo vital del insecto jugó a su favor, ya que comienza en estado larvario en el interior de las palmeras y no da muestras de infestación hasta avanzado el ataque. Así que cuando el escarabajo se detectó a mediados de los 90, ya era tarde. Había entrado por Granada en palmeras contaminadas que venían de Egipto y se había distribuido por diferentes puntos del país, causando verdaderos estragos en Andalucía, Comunidad Valenciana y Cataluña.
«El norte de España se enfrenta a un riesgo biológico similar al que sufrió el Mediterráneo hace dos décadas»
La respuesta ante la invasión, además, se vio afectada por «una desconexión entre la biología del insecto, la sorpresa epidemiológica y los tiempos de la burocracia que ocasionaron un colapso por la magnitud, velocidad e impacto inicial con la que se propagó en un ecosistema que no estaba preparado para recibirlo», explica León. El problema es que, una vez que una especie invasora se establece y comienza a dispersarse, evitar su expansión resulta «extremadamente difícil». Solo se logró erradicar de Canarias, mientras que el picudo sumó Murcia, Baleares y, a partir de los 2010, Aragón, Castilla-La Mancha, Galicia y Asturias. Las últimas comunidades en incorporarse a la lista han sido Cantabria en 2022, y País Vasco, en 2023, que están viendo ahora cómo se propaga por su territorio.
Se trata de un insecto rojizo de dos a cuatro centímetros de longitud. Vicente lo define como torpe volador, pero «muy inteligente«, capaz de aprovechar las corrientes de aire para desplazarse hasta 10 kilómetros. Es también una especie «voraz» con una predilección especial por la palmera canaria, muy habitual en España.
Adaptación al frío
Las barreras naturales al insecto, como el frío, solo han retrasado su avance. Los inviernos cada vez más suaves en el norte de España por el cambio climático «sin duda« favorecen la llegada del picudo a estas zonas, cuenta León. Pero, además, el perforador desarrolla una respuesta bioquímica frente al frío que le permite tolerar temperaturas moderadamente bajas, como ha descubierto recientemente León junto a su colega Arturo Serna. «Considerando tanto el calentamiento climático que está afectando también al norte de España, como la capacidad de este insecto plaga de soportar temperaturas relativamente bajas, el norte de España se enfrenta a un riesgo biológico similar al que sufrió el Mediterráneo hace dos décadas», concluye la profesora.
«Ya forma parte de nuestra fauna de insectos. Ahora lo que hay que tratar de hacer, que también es muy difícil, es intentar manejarlo»
Vicente lo tiene claro. «Hemos visto movimiento de los escarabajos con frío», dice. «Se aclimata al entorno muy rápido». No tiene claro cuántas palmeras pueden haber talado ya, pero cree que en Cantabria los efectos podrían haber sido aún peores. Han aprovechado la experiencia previa de otras comunidades. «Hemos tenido gran apoyo. En Galicia cuando entró fue devastador, acabó con la práctica totalidad de palmeras (…). Fue una masacre». En Valencia, dice, se ha quedado sorprendido: hay miles de palmeras con controles cada mes o dos que «se mantienen perfectamente».
«Ya forma parte de nuestra fauna de insectos. Ahora lo que hay que tratar de hacer, que también es muy difícil, es intentar manejarlo», dice Quesada.
Lucha continua
Luis Hiernaux, director de Inffe, empresa dedicada a la sanidad vegetal del bosque urbano, ha visto cómo el picudo rojo ha pasado de ser «un desconocido» a entrar en el manejo ordinario de las ciudades en pocos años. Las herramientas para luchar contra el perforador han mejorado, aunque no lo suficiente, dice. Hoy la vigilancia y formación de los equipos municipales es clave, ya que ayudan a identificar los primeros síntomas y atajar la infestación. También es fundamental reducir las podas al mínimo y evitar siempre la época de vuelo del insecto.
«Lo primero es tener una red de trampas que te permita saber dónde está tu plaga, qué población tienes, y en qué momento está», explica el experto. De confirmarse la presencia, se pueden aplicar productos fitosanitarios y nematodos (gusanos) que solo afectan al picudo. «En caso de un ataque más agresivo, se podría llegar a hacer ‘cirugía’ extrayendo la parte afectada». Si nada de esto funciona, solo quedaría la tala y retirada del ejemplar, así como el triturado mecánico de los restos.
El palmeral de Elche (Alicante).
(Juan Carlos Soler)
Entre los lugares donde se han extremado las cautelas se encuentra el palmeral de Elche (Alicante), paisaje Patrimonio de la Humanidad. Para el control de la plaga, la estrategia se ha basado en una gestión integrada en donde destaca la vigilancia constante a largo plazo. «Ahora bien, en sanidad vegetal es difícil hablar de seguridad absoluta. Lo más correcto es decir que el Palmeral de Elche está protegido y gestionado activamente frente al picudo rojo, pero que esa protección requiere un esfuerzo continuado. Las plagas invasoras no suelen resolverse de una vez para siempre, exigen vigilancia permanente», explica León.
No todos los ayuntamientos destinan tantos recursos al picudo. En opinión de Hiernaux, hoy se abusa de la endoterapia preventiva, por la que se inyecta un producto químico de síntesis en la palmera cada pocos meses para evitar el ataque del gorgojo. Se trata de una medida «muy drástica», dice, que «no puede sostenerse en el medio o largo plazo», pero que se ha vuelto muy popular.
En donde todos los expertos consultados ponen el foco es en la importancia de que la gestión incluya el suelo privado. «Por muchos esfuerzos que hagan los ayuntamientos, hay muchos ejemplares que están en suelo privado. O se hace un planteamiento conjunto, o la estrategia está abocada al fracaso», defiende Hiernaux. El enemigo va a campar a sus anchas.
Lo constata con resignación en su día a día el presidente de la Asociación de Jardineros de Cantabria. «El problema de la plaga es que no hay conciencia, se ven ejemplares muertos en zonas privadas que no están siendo retirados», dice Vicente. Al morir la palmera, el escarabajo sale en busca de otra que colonizar, ayudando a propagar el problema. Por eso, el experto pide que sea obligatorio el triturado de la palmera muerta. La erradicación del picudo no es posible pero, al menos así, asegura, se podría llegar a un equilibrio en poco tiempo. «La plaga ha venido para quedarse».
Fuente:
www.abc.es



