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Díaz Ayuso logra separarse a sí misma en casa sesión del parlamento autonómico, saliendo por peteneras, al margen de cuál sea la cuestión a debatir. Da lo mismo. Lleva su chuleta, plagada de cosas tan absurdas como a veces contradictorias, que lee sin pudor alguno con su aire de chulapona castiza que quiere convertir a España en un suburbio del feudo madrileño.
Núñez Feijóo tampoco se sale nunca del guion y lleva sus intervenciones parlamentarias escritas previamente, lo que le deja bastante mal en muchas ocasiones, particularmente cuando no entiende lo escrito y se pone a balbucear. Solo sabe repetir que Sánchez debe convocar elecciones antes por ocupar La Moncloa cuando él es quien ganó las elecciones. No estaría mal que se convocaran en Valencia, para ver cómo incidía el efecto Mazón, porque podría suponer un buen mazazo a sus expectativas autonómicas.
Ahora el mantra es que Sánchez siempre miente y para sostener esto se recurre a unas estratagemas verdaderamente pintorescas, como las de manipular un vídeo donde Margarita Robles recibe al embajador estadounidense y gracias al cual nos hemos enterado de que ambos parecen ser muy frioleros.
¿Cuándo darán alternativas para los problemas de la ciudadanía, como por otra parte debería hacer la izquierda? Sobre la vivienda sabemos que reparten de un curioso modo los pocos pisos protegidos bajo su gestión. De la mejora salarial no parecen hablar mucho. Tampoco se meten con la economía, siendo vergonzoso que los excelentes datos macroeconómicos no lleguen a la gente normal y corriente. Mientras la banca y las grandes empresas obtienen dividendos que rompen récords, el sueldo promedio no da para llegar a fin de mes o alquilar un modesto piso.
La clase política debería dejar de mirarse al espejo para ver quién da mejor imagen y ocuparse de resolver los auténticos problemas que motivan su elección. Esta es una reflexión que vale para todas las formaciones políticas, por desgracia.
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www.nuevatribuna.es




