Dani fue el primer objetor de conciencia que conocí. Sentía tal aversión a los ejércitos que quiso realmente prestar el servicio social sustitutorio, y rechazó al abogado Lechuga, corrupto, que por 2.000 euros te libraba de la mili a través de un médico militar … con el que estaba compinchado.
Le tocó una ONG sobre el medio ambiente en el barrio del Raval de Barcelona. Verano del año 1993. Su trabajo consistía en ordenar muestras tomadas en distintos rincones de la ciudad. Era todo bastante absurdo, y Dani era el primero que lo reconocía, pero estaba convencido de que objetar activamente era su gran contribución a un mundo mejor.
Salía pronto, sobre las 19:00, e íbamos a buscarle y a tomar algo o a cenar, y nos contaba algunas anécdotas de su trabajo, pocas, pero lo que sobre todo teníamos que aguantar eran sus soflamas contra los militares. Era muy pesado. A los demás nos bastaba con haberlos librado de la mili y yo, además, hacía un año, había conocido al capitán general Ricardo Marzo y me había fascinado.
Poco a poco tuvimos dificultades para cenar con Dani, porque el director de la ONG le dijo que si se quedaba a dormir en la sede, haría que los días prestados le contaran por dos y Dani aceptó este trato. Al parecer había habido algunos robos en los pisos del edificio y aunque nuestro amigo era asustadizo y enclenque, y de eso podía darse cuenta cualquiera, su jefe decía que los ladrones no se atreverían a entrar si había alguien.
Su patrón, que se llamaba Jaume, se iba mucho más tarde de la oficina desde que Dani se quedaba, y le daba conversación y le invitaba a whisky, y nuestro amigo hacía lo que podía porque el alcohol no acostumbraba a sentarle bien.
Dani dijo una de las noches que le dolía la espalda y Jaume enseguida se ofreció a hacerle un masaje. De un cajón sacó unas cremas, como si esperara la escena y las tuviera preparadas, y Dani no supo cómo rechazar aquel ofrecimiento y pasó el rato más difícil de su vida intentando que terminara cuanto antes el manoseo. Jaume se fue al fin a su casa y mi amigo me llamó y hablamos hasta las 2 o las 3 de la madrugada y creo que pudo irse a dormir más calmado.
Le dijimos que pidiera un traslado, que aquello tendría un mal final, pero Dani era cumplidor, quería terminar lo empezado y nos dijo que había hablado con Jaume y que Jaume se había disculpado. A sus amigos no nos tranquilizó demasiado y se lo dijimos, y lo volvimos a hablar y dimos por seguro, todos menos Dani, que era cuestión de tiempo que otro incidente sucediera.
La última noche que Jaume se quedó hasta más tarde para estar con Dani, bebió más de lo que pudo administrar y se tiró sobre él, sujetándolo con fuerza, alcanzando sus partes con la otra mano y lamiéndole las orejas y la cara. Cuando Dani nos lo contó, nos dijo que gritó, y que trató de resistir, pero que Jaume era mucho más fuerte, y estaba a punto de rendirse cuando un chico en pijama derribó la puerta y neutralizó a Jaume, tumbándolo en el suelo y sentándose sobre él, para inmovilizarlo, mientras llegaba la Policía.
El lío de la denuncia, el susto de Dani, el asco, y la pena que sintió -lo de la pena lo recalcó, y me pareció extraño- cuando se llevaron a Jaume esposado, precedieron al celebrado instante -celebrado por sus amigos, claro- en que Dani fue a agradecer al chico que hubiera entrado a salvarle, y él le respondió que era su deber. Era un cadete del Ejército del Aire que vivía en el piso de enfrente y había escuchado gritos justo al ir a acostarse.Le dijimos que pidiera un traslado, que aquello tendría un mal final, pero Dani era cumplidor, quería terminar lo empezado y nos dijo que había hablado con Jaume y que Jaume se había disculpado. A sus amigos no nos tranquilizó demasiado y se lo dijimos, y alguna vez cuando él no estaba lo volvimos a hablar y dimos por seguro que era cuestión de tiempo que otro incidente sucediera.
La última noche que Jaume se quedó hasta más tarde para estar con Dani, bebió más de lo que pudo administrar y se tiró sobre él, sujetándolo con fuerza, alcanzando sus partes con la otra mano y lamiéndole las orejas y la cara. Cuando Dani nos lo contó, nos dijo que gritó, y que resistió al límite de sus fuerzas, pero que Jaume era mucho más fuerte, y estaba a punto de rendirse cuando un chico en pijama derribó la puerta y neutralizó a Jaume, tumbándolo en el suelo y sentándose sobre él, para inmovilizarlo, mientras llegaba la Policía.
El lío de la denuncia, el susto de Dani, el asco, y la pena que sintió -nos lo dijo, y me pareció extraño- cuando se llevaron a Jaume esposado, precedieron al celebrado instante -celebrado por sus amigos claro- en que Dani fue a agradecer al chico que hubiera entrado y le respondió que era su deber. Era un cadete del Ejército del Aire que vivía en el piso de enfrente y había escuchado gritos justo al ir a acostarse.
Fuente:
www.abc.es



