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El biorritmo del gatopardismo

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En esta columna analizo cómo las curvas de opinión de los principales actores del oficialismo frente al periodismo y la reciente renuncia en la Jefatura de Gabinete parecen cruzarse de forma insólita.

Del ataque frontal a la moderación extrema del «pasado, pisado», y de la defensa de la inocencia a dejar a los propios funcionarios «colgados de la brocha».

Una mirada libre de preconceptos sobre el costo que pagamos los 47 millones de argentinos por las demoras políticas y la urgente necesidad de ajustar los controles estatales.

El biorritmo define, en función de los días vividos, tres ciclos esenciales: el físico, el emocional y el intelectual.

Como cada uno tiene una duración diferente (23, 28 y 33 días, respectivamente), al graficarlos en curvas sinusoidales, lo habitual es que transiten por fases positivas o negativas de manera dispar; son contados los días en la vida en los que coinciden en un mismo vector.

Cuando nos trasladamos al plano de las opiniones públicas de diversos actores políticos, sus respectivas curvas analíticas – en casos muy aislados – parecen converger.

Esta oportunidad, sin embargo, no ha sido la excepción, sino más bien una muestra de sintonías forzadas. Es fácil verlo y entenderlo en la práctica, aunque la explicación abstracta resulte un poco más compleja.

Pensemos en los acontecimientos de estos días y planteemos que cada una de esas tres curvas pertenece a Javier Milei, Manuel Adorni y al nuevo vocero presidencial, orientadas específicamente a su postura sobre el periodismo:

Para Milei: El 95% de los periodistas son «chorros, ensobrados, deshonestos, desestabilizadores» e, históricamente, «las prostitutas de los políticos».
Para Adorni: Según le espetó en una conferencia de prensa televisada a un cronista acreditado: «Apenas sos un periodista», no sos un juez, no podés juzgar en qué gasto yo mi dinero».
Para Ravier (el nuevo vocero): “Concibo al periodismo como un eje central en la democracia de nuestro país.

Valoro y reivindico el trabajo del periodista que busca informar, que es independiente y objetivo, que tiene espíritu crítico y hace una presentación ecuánime de los hechos y los datos de la realidad”.

Además, precisó que “el objetivo de esta nueva etapa será comunicarles a los ciudadanos, de la manera más clara y contundente posible, cómo las reformas que hemos logrado tienen impacto en la vida y en el futuro de todos los argentinos”.

Conclusión 1: De cumplirse al pie de la letra los dichos del nuevo vocero, casi podríamos trazar un paralelismo con la creación de un «Ministerio de la Felicidad», similar al que funciona en Venezuela bajo el nombre de Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo.

Es inevitable que me venga al recuerdo aquel célebre spot publicitario de un expresidente argentino que, casi sobre el final, decía: «Qué lindo es dar buenas noticias», dejando implícito que de las malas se encargará Mengueche o Cadorna.

RESPECTO DE LA RENUNCIA DEL JEFE DE GABINETE DE MINISTROS:

Las posturas oficiales ante la salida del funcionario volvieron a mostrar curvas similares.

Para el presidente Milei: “Sigo confiando en su inocencia, es una persona honesta”.
Para Karina Milei: “(Sos) una persona íntegra, valiosa y muy querida por todos nosotros”, destacando además su “incansable trabajo”.
Para Adorni: El foco del problema fueron los «ataques mediáticos» basados en hechos supuestamente inexistentes.
Para el nuevo vocero: Dejó en claro que buscará limitar el alcance de sus respuestas estrictamente a asuntos de gestión: «No me corresponde», en mi calidad de representante del presidente, entrometerme en las competencias de otro poder de la República Argentina, ya sea el judicial o el legislativo».

2° Conclusión: Con la cantidad de pruebas aparentemente fehacientes que salieron a la luz y la evidente inconsistencia en las declaraciones del ex Jefe de Gabinete, resulta insólito descreer de lo obvio.

Pero, aun si aceptáramos la inocencia que pregona el oficialismo, es lamentable que esta decisión de apartarlo se tome recién ahora y no mucho tiempo antes.

De haber actuado con celeridad, se habrían evitado graves frustraciones en los votantes, un desencanto que hoy las encuestas reflejan de forma inequívoca.

3° Conclusión: Si el contador Adorni reúne todas las virtudes de integridad y valor que menciona la Secretaría General, resulta increíble cómo, de la noche a la mañana, le han quitado la escalera dejándolo colgado de la brocha en la consideración pública.

4° Conclusión: En los escasos minutos de su presentación leída, el nuevo vocero volvió a dejar claro – aunque utilizando una terminología un tanto alambicada – que sólo responderá sobre temas de gestión y, obviamente, de aquí en adelante. Lo pasado, pisado.

Sin embargo, un vocero que se limita a leer una presentación se parece demasiado a un cantante haciendo playback.

CONCLUSIÓN FINAL

Que el Contador Diego Santilli iba a heredar el cargo del saliente Jefe de Gabinete estaba más cantado que el tango La Cumparsita.

Es bastante probable que haya sido una decisión tan acertada como tardía; pero bueno, todo junto no se puede.

Lo que no parece del todo republicano ni funcional es la doble tarea de operar como Ministro del Interior en las sombras y, simultáneamente, como Jefe de Gabinete de Ministros.

Ya lo dice el mandato bíblico: no se puede servir a dos patrones.

Aparte, si luego de casi tres años en el gobierno no se consolidó ni una sola persona potable, ya sea de las filas propias o prestada por aliados para ocupar ese puesto clave de manera exclusiva, es un síntoma del que hay que tomar nota y cuestionárselo muy seriamente.

Con todo este rifirrafe, el gran perdedor es la oposición dura: le dejaron los dardos, pero le sacaron la diana.

Además, la jugada les bajó el precio a los gobernadores que se habían sumado al juego de la confrontación; Adorni ya no está en esa primera línea, así que ahora viene el desagio.

En el medio, también perdimos los 47 millones de argentinos.

Pagamos en su totalidad los meses sabáticos que se tomaron unos cuantos legisladores que no sacaron leyes.

Si en ese paquete de parálisis quedó sin tratar algún tema que pudiera beneficiar directamente a la gente, quizás ya se le pasó el cuarto de hora y no quedará otra que esperar el próximo colectivo.

SOBRE EL FUTURO

Obviamente, esta historia no termina con un mero recambio de nombres en el organigrama.

Es fundamental que la Justicia actúe “sin prisa, pero sin pausa”, porque de tanto rodar y dilatarse, este tema corre el riesgo de no convertirse en un “leading case” contra la impunidad sino en una duda persistente a lo largo del tiempo.

De paso, no vendría nada mal que se activaran algunos otros expedientes que hoy duermen el sueño de los justos en los tribunales, y que aquí omito enunciar en un humilde homenaje a la brevedad.

Para finalizar, cabe recordar lo que hace pocos días señalaba el periodista Osvaldo “Bebo” Granados, quien con sus jóvenes y super lúcidos 87 años sentenciaba que: “Corromperse y robar estando en el Estado es muy fácil; lo difícil es blanquear”.

Nada indica que no tenga absoluta razón.

Partiendo de esa premisa, y aun sabiendo que cualquier control que se implemente echas la ley hecha la trampa, no cabe duda que los mecanismos y protocolos de auditoría estatal deben revisarse e incrementarse.

El objetivo debe ser uno solo: hacer que cada día sea más difícil para cualquiera convertirse en un pícaro chorizuelo.

Incluso, si pudiera determinarse de antemano la fragilidad psicológica de los frenos inhibitorios de muchos aspirantes a funcionarios, sería una herramienta formidable.

Seguramente deben existir test psicotécnicos que brinden alguna pista certera, al estilo de los que se exigen en los exámenes preocupacionales del sector privado.

En paralelo, quizás sea hora de modificar el Código Penal para que los castigos por corrupción sean realmente ejemplificadores y las tentaciones se vuelvan menos compulsivas.

Porque cada moneda que se manotea de las arcas públicas no la repone el Rey Midas; la ponemos los 47 millones de argentinos que, descontando a los evasores de siempre, pagamos religiosamente nuestros impuestos y merecemos, de una vez por todas, vivir mejor.


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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