InicioOpiniónDe tan buena, tonta (una defensa de la buena fe)

De tan buena, tonta (una defensa de la buena fe)

Publicado:

Madres, abuelas, consejeros varios y hasta el refranero popular nos metieron hasta el tuétano la culpa por no pensar mal. “De tan bueno, eres tonto” decían. O “¿cómo siendo tan lista puedes ser tan tonta?”. No ser idiota consistía en pensar en las razones ocultas de quienes se mueven por interés o por la sádica satisfacción de hacer daño o por ese pecado nacional que es puro veneno: la envidia. Que no es querer lo que otro tiene por ser esto valioso en sí sino por el simple hecho de que el otro lo posea y lo disfrute. Un sentimiento absurdo que no lleva a nada, que solo busca destruir al que creemos más afortunado que nosotros incluso aunque se trate de un desgraciado. No sé qué sentido evolutivo tendrá este rasgo del comportamiento pero destruye todo lo que encuentra a su paso. Lo encarna ahora el hombre más poderoso del mundo, capaz de quitarle el caramelo a un niño porque lo tiene el pequeño y no él. Es una forma de maldad que ahora mismo parece mover el funcionamiento del sistema en el que vivimos. La rivalidad enfermiza entre los tecnobros obsesionados con el tamaño de su fortuna no es ambición sino simple y rastrera envidia de la más repugnante.

Pero yo no quiero hablar de los malos, estoy harta de intentar entender los comportamientos dañinos, patológicos, psicopáticos, disfuncionales y disruptivos, estoy cansada de que todas las series y películas sean sobre asesinos y relaciones tóxicas y se anuncie como adictivo lo que no es más que fascinación por la oscuridad que hay en algunos individuos.

Deberíamos haber entendido ya que el mal existe y forma parte de la naturaleza humana igual que la compasión, aunque lo primero abunda menos que lo segundo. Si fuera de otro modo ya nos habríamos extinguido. Yo lo que no quiero es que se me diga que la bondad es un defecto, eso sí es una victoria de los malvados, la de inocular la duda y la desconfianza y la sospecha en las personas que actúan con responsabilidad, las que intentan ser honestas, generosas, justas, de buena fe. Los errores de quienes están a este lado, el de las buenas personas, no se pueden equiparar con los actos de los que viven en el terreno opuesto, el de las malas personas. Táchenme de maniquea, si quieren, pero creo que las madres y las abuelas y los consejeros de todo tipo, incluso el refranero, se equivocaban. Lo tonto no es ser bueno, lo idiota y absurdo es ser malo y dañar a los demás. Y si tengo que escoger, prefiero pasar por tonta pensando bien de quien tengo enfrente que vivir en la desconfianza permanente.


Fuente:

elpais.com

Artículos relacionados

Publicidadspot_img

Artículos recientes

spot_img