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Científicos identifican el botiquín de plantas medicinales que se usaban en la Amazonia hace 7.800 años

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Es muy probable que tengas en casa un cajón, una repisa o incluso un maletín donde guardas las medicinas, las gasas y todo lo necesario para prestar primeros auxilios. También es posible que ese «armario de las medicinas» lleve años o incluso décadas ejerciendo como guardián de las gasas, el agua oxigenada y el paracetamol. Ahora imagina que ese botiquín familiar permaneciese abierto y disponible durante 12.000 años: ¿qué descubriríamos entonces sobre la medicina de nuestros antepasados? En esencia, eso es lo que un equipo de arqueólogos ha descubierto bajo un alero de piedra en el suroeste de Colombia: un refugio que guardó los remedios vegetales que generaciones de amazónicos usaron para curarse.

El yacimiento se llama Cerro Montoya 1 y se esconde en la Serranía de La Lindosa, en el departamento colombiano del Guaviare. Allí, gracias a las semillas carbonizadas, las resinas y los granos microscópicos de almidón, los investigadores han reconstruido una farmacia vegetal que, en algunos casos, cuenta con ocho milenios de antigüedad. El estudio, publicado en la revista Frontiers in Environmental Archaeology, no solo documenta qué comían los primeros habitantes de la Amazonia noroccidental, sino que también desvela, por primera vez de forma sistemática, cómo se cuidaban.

En Cerro Montoya 1, los arqueólogos han hallado pruebas del uso medicinal de plantas amazónicas con casi ocho mil años de antigüedad.

Selva
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Un refugio de piedra con 12.000 años de historia

Cerro Montoya 1 es un abrigo rocoso situado a 273 metros de altitud, en la base de un tepui llamado Cerro Pinturas. El lugar conserva restos de ocupación humana casi ininterrumpida desde hace 12.600 años hasta la época colonial temprana, hace apenas 400 años.

Los arqueólogos excavaron dos zonas del abrigo y tamizaron el sedimento mediante flotación, una técnica que permite separar en agua los restos vegetales carbonizados, más ligeros que la tierra que los rodea. El resultado de este proceso fue extraordinario. Consiguieron obtener más de 52.000 fragmentos de semillas, frutos y otros restos botánicos, además de fitolitos (los minúsculos esqueletos de sílice que las plantas dejan al descomponerse) y granos de almidón conservados en las piedras de moler.

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Gracias a esto, los científicos identificaron 33 grupos de plantas distintos, desde palmeras hasta hierbas con raíces comestibles. La mayoría de los restos proceden de palmeras, un recurso que dominó la dieta amazónica desde los inicios de la ocupación del abrigo. Puesto que sus frutos, ricos en grasas y proteínas, estaban disponibles casi todo el año, probablemente se convirtieron en un alimento fiable para las comunidades que se desplazaban por el territorio. Entre esos restos apareció también algo inesperado: la evidencia directa de remedios terapéuticos.

La resina de copal, el rizoma de costus y la corteza de byrsonima formaban parte del botiquín vegetal de los primeros amazónicos.

Mapa de la procedencia de los sedimentos
Mapa de la procedencia de los sedimentos. Fuente: Morcote-Ríos et al. 2026

Resinas para el resfriado, cortezas para las heridas

El equipo identificó al menos cinco plantas con un uso medicinal probable, respaldado por el conocimiento etnobotánico de pueblos amazónicos actuales como los nukak. El árbol Protium, cuya resina copal aún se emplea para tratar resfriados y molestias estomacales, dejó en el registro unas bolitas ambarinas, translúcidas, con tacto ceroso y un olor que sobrevivió miles de años bajo tierra.

También aparecieron restos de Hymenaea courbaril, un árbol cuya resina se sigue usando con fines curativos, y de Costus cf. spiralis, una planta con rizoma cuya infusión se recomienda tradicionalmente para tratar dolencias hepáticas y cálculos renales. Completan la lista la Phytolacca rivinoides, empleada en cataplasmas cicatrizantes, y la Byrsonima spicata, otra planta cuya corteza posee propiedades medicinales documentadas. Todas estas plantas crecían silvestres en el bosque circundante.

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La evidencia más antigua del uso de plantas medicinales en el yacimiento se remonta a 7.800 años, aunque la mayor variedad de plantas curativas se verifica hace 2.000 años, en paralelo con la llegada de la cerámica a la región. Esto sugiere que el conocimiento farmacológico se amplió en el tiempo, tal y como sucedió con el propio yacimiento.

La nuez de Brasil aparece en este yacimiento amazónico hace 7.000 años: es el registro más antiguo conocido en la región.

Nuez de Brasil
Nuez de Brasil. Fuente: Quadell/Wikimedia

Una nuez de 7.000 años

Entre los hallazgos más llamativos, figura la presencia de nuez de Brasil (Bertholletia excelsa), cuyo consumo prehistórico en esta parte de la Amazonia se documenta ahora por primera vez, con una antigüedad de entre 7.200 y 7.000 años. Se trata, pues, del registro más antiguo conocido de esta especie en el noroeste amazónico.

Además de ser un alimento rico en nutrientes, la nuez de Brasil también forma parte del imaginario simbólico y económico de numerosos pueblos amazónicos actuales, que aún la recolectan y comercializan. Su presencia en Cerro Montoya 1 confirma que los cazadores-recolectores del Holoceno Medio ya la aprovechaban.

Hacia el final de la secuencia arqueológica, la coca, el maíz y la yuca ya formaban parte de la vida cotidiana amazónica.

La coca entra en escena: un vínculo que llega hasta nuestros días

El registro también ha documentado el uso de hojas de coca (Erythroxylum coca) durante el Holoceno Tardío. Se trata del periodo más reciente de ocupación del abrigo, que coincide, además, con la aparición de la cerámica en la región. El estudio no precisa con qué fin exacto se empleaba, pero su presencia confirma que esta planta, hoy cargada de significados culturales en los Andes y la Amazonia, ya formaba parte de la vida de las comunidades que habitaron La Lindosa.

Junto a la coca, también se hallaron restos de maíz y de yuca. Su presencia en los últimos niveles de la secuencia arqueológica prueba que los habitantes del abrigo combinaban la recolección silvestre con el cultivo de algunas plantas domesticadas.

Restos macrobotánicos carbonizados conservados. Fuente: Morcote-Ríos et al. 2026

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Cerro Montoya 1 parece confirmar que los primeros amazónicos no solo comían del bosque, sino que también se curaban con él. La combinación de restos macroscópicos, fitolitos y almidones ha permitido reconstruir, por primera vez de forma sistemática, cómo evolucionó ese conocimiento farmacológico a lo largo de doce milenios. Los autores del estudio subrayan que gran parte de este saber sigue vivo hoy entre los nukak y otros pueblos indígenas de la región. Por ello, Cerro Montoya 1 es algo más que un yacimiento: es un puente entre el pasado profundo de la Amazonia y las prácticas medicinales que aún perduran en su selva.

Referencias

Morcote-Ríos, H. G., Aceituno Bocanegra, F. J., Robinson, M. E., Saúl E, H.-G., y Iriarte, J. 2026. «Twelve millennia of plant use in the Northwest Amazon: archaeobotanical insights from Cerro Montoya 1». Frontiers in Environmental Archaeology, 5:1814264. DOI: https://doi.org/10.3389/fearc.2026.1814264


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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