Que América Latina sea el “patio trasero” de Estados Unidos es cada vez más dudoso. No es por Donald Trump, que busca reforzar esa influencia, sino porque China ha consolidado su presencia económica en la región en las últimas décadas. En 2024, el gigante asiático representó cerca del 13% de las exportaciones regionales y el 22 % de sus importaciones, y en América del Sur ha superado a Estados Unidos como principal socio comercial. Además, la inversión reciente se concentra en sectores estratégicos para las próximas décadas: minerales críticos, energías renovables, electromovilidad e infraestructura digital.Washington ha reaccionado ante este avance. La Estrategia de Seguridad Nacional publicada en 2025 identifica la presencia de potencias no hemisféricas en infraestructuras críticas, recursos naturales y cadenas de suministro como un desafío directo. En los últimos meses, la preocupación se refleja en la ofensiva para limitar la influencia china en la región. Panamá abandonó la Nueva Ruta de la Seda tras presiones de Washington, Argentina firmó un acuerdo comercial que incluye compromisos para priorizar a Estados Unidos como socio en minerales críticos, y en Venezuela, la captura de Nicolás Maduro a manos estadounidenses ha debilitado uno de los principales pilares de la presencia china en la región.Pero lejos de retroceder, China ha optado por avanzar. Su nueva estrategia para América Latina define la región como un eslabón clave para asegurar las cadenas de suministro de la transición energética —litio, cobre o níquel— y ampliar su presencia tecnológica, desde redes 5G hasta centros de datos. Ambas potencias buscan dominar una estructura económica que la región arrastra desde hace décadas. En un contexto de rivalidad creciente, América Latina se convierte así en un espacio clave para asegurar recursos, tecnología y cadenas de suministro que sostendrán la economía global en las próximas décadas.Cómo América Latina acumuló dependenciasCuando China ingresó en la…
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elordenmundial.com



