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‘Blazing Combat’: la guerra sin épica que incomodó a norteamérica

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Pablo D. Santonja | @datosantonja

Hay cómics bélicos que celebran la heroicidad y otros que prefieren mirar al barro. Blazing Combat, ahora recuperado en nueva edición por Norma Editorial, pertenece sin duda al segundo grupo. Publicado originalmente en 1965 bajo el sello Warren Publishing y con Archie Goodwin al frente, este título apenas sobrevivió cuatro números. Fue demasiado incómodo para su tiempo. En plena escalada de la guerra de Vietnam, estas historias no hablaban de gloria ni de medallas, sino de miedo, culpa y muerte.

Blazing Combat nació como una respuesta adulta al cómic de guerra tradicional. Mientras otras series todavía alimentaban la épica patriótica, aquí se apostaba por relatos autoconclusivos que cuestionaban el sentido del conflicto armado. Archie Goodwin reunió a un grupo de dibujantes extraordinarios —entre ellos Gene Colan, Alex Toth o John Severin— para construir un mosaico de historias ambientadas en distintas guerras, desde la Segunda Guerra Mundial hasta Corea o Vietnam. El nexo común no era la bandera, sino el soldado anónimo atrapado en una maquinaria que lo supera.

Más allá de su valor histórico, el cómic funciona por sí mismo. Sus relatos breves mantienen fuerza, ritmo y una capacidad notable para condensar conflicto en pocas páginas

Lo que hace que Blazing Combat siga resultando vigente, a parte de que EEUU no ha cambiado un ápice, es su enfoque profundamente humano. No hay héroes invulnerables. Hay jóvenes asustados, decisiones equivocadas, mandos incompetentes y un sistema que devora a quienes lo sostienen. La guerra aparece como absurdo, como desgaste físico y moral, como territorio donde la línea entre víctima y verdugo se difumina.

La cancelación temprana de la serie no fue casual. Algunas asociaciones de distribuidores se negaron a venderla por considerarla antipatriótica. ¿Os suena? En el contexto de los años sesenta, cuestionar el discurso oficial tenía un coste. Vista hoy, esa reacción confirma hasta qué punto Blazing Combat tocó una fibra sensible. No era propaganda. Implicaba una reflexión. Y eso resulta peligroso. 

En lo gráfico, la obra es una lección de narrativa clásica. El blanco y negro potencia el dramatismo, los contrastes de luz y sombra refuerzan la sensación de fatalidad, y cada dibujante aporta matices sin romper la coherencia del conjunto. Gene Colan despliega su dinamismo característico; Alex Toth apuesta por la síntesis expresiva; John Severin aporta un realismo… En conjunto respira el ambiente de los tebeos y cómic de antaño. La edición de Norma Editorial permite redescubrir Blazing Combat con el respeto que merece. Más allá de su valor histórico, el cómic funciona por sí mismo. Sus relatos breves mantienen fuerza, ritmo y una capacidad notable para condensar conflicto en pocas páginas. Es cierto que algunas historias pueden resultar previsibles desde la mirada actual, pero incluso ahí se percibe la honestidad del planteamiento.

Blazing Combat no busca convencer al lector de nada; simplemente le muestra la guerra sin filtros heroicos. Leerlo hoy resulta casi inquietante. Porque demuestra que, más allá de la tecnología o las banderas, el rostro del miedo sigue siendo el mismo, y la evolución de los países, nula. 


Source:

www.nuevatribuna.es

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