
Leo a hombres indignados ante la propuesta publicada en este periódico de dar más espacio a los baños de mujeres para acabar con las interminables colas. Algunos lo viven como una ofensa, como si se les quitaran derechos. Ellos, que con bajarse el pantalón pueden miccionar donde sea. Ojalá supieran el ejercicio que supone para una mujer entrar en un baño público: limpieza del váter, sentadillas para no rozar la tapa, malabares para que no se caiga el bolso, y en caso de menstruación, cambio de tampón o compresa. Los mismos que recurren al biologicismo para oprimirnos nos niegan el espacio extra que necesitamos en el WC debido a nuestra diferencia biología. No se confundan: su problema, como siempre, somos nosotras. En este sistema patriarcal, donde se presume de igualdad formal, resulta que es casi un pecado atender en condiciones una necesidad básica, mientras se acepta que los cambiadores de bebés se encuentren sobre todo en los baños de mujeres. No queremos privilegios. Solo orinar en paz.
Seguir leyendo
Fuente:
elpais.com




