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Alerta por Ébola: la emergencia sanitaria que obliga a Meloni a exigir el control de fronteras en Europa

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El polvorín de Ituri y el colapso del rastreo sanitario

La amenaza de la cepa Bundibugyo: sin armas médicas

El pulso político por la soberanía de Schengen

La carta enviada este viernes desde el palacio Chigi a los despachos de Bruselas no es solo una alerta epidemiológica. Cuando Giorgia Meloni exige que el brote de ébola en la República Democrática del Congo y Uganda entre de urgencia en la agenda del Consejo Europeo de junio, mueve una ficha que mezcla la vieja obsesión de la derecha italiana por la gestión fronteriza con una crisis de salud pública real que la Organización Mundial de la Salud empieza a admitir que se le va de las manos.

Roma ha reaccionado rápido en el plano doméstico. Los aeropuertos de Fiumicino y Malpensa ya aplican protocolos de vigilancia específicos para los pasajeros que llegan de la región de los Grandes Lagos. Un equipo de infectólogos del Hospital Spallanzani prepara las maletas para Kinshasa. Sin embargo, el Gobierno italiano sabe que las fronteras de la zona Schengen son porosas.

De nada sirve un cribado estricto en Roma si un pasajero procedente de un vuelo con escala en Fráncfort o París entra sin control debido a la falta de criterios comunes. La propuesta italiana busca forzar una videoconferencia de ministros de Sanidad de la Unión Europea la próxima semana, un movimiento que traslada la presión epidemiológica a los socios comunitarios antes de que empiece la temporada de máximo movimiento turístico en el continente.

 Vista general del hospital de enfermedades infecciosas «Lazzaro Spallanzani» – REUTERS/ YARA NARDI

El polvorín de Ituri y el colapso del rastreo sanitario

El escenario en el origen explica los nervios en el sur de Europa. Desde que el pasado 15 de mayo se confirmara el inicio del brote en el este de la República Democrática del Congo, la contabilidad oficial de la OMS registra algo más de mil casos entre confirmados y sospechosos. La cifra de fallecidos asciende ya a 233 si se suman las muertes probables, mientras que la vecina Uganda ha confirmado seis contagios y una víctima mortal.

Son números que, sobre el papel, palidecen frente a las grandes crisis sanitarias de la década pasada, pero el director general de la organización, Tedros Adhanom Ghebreyesus, acaba de aterrizar en Bunia con un mensaje desolador: el control de la transmisión es casi imposible sobre el terreno.

La provincia de Ituri, el epicentro de la emergencia es un polvorín. Los combates entre milicias locales y las fuerzas gubernamentales han desplazado a 100.000 personas en el último mes.

“No podemos generar confianza en la comunidad ni aislar a los pacientes mientras caen bombas”, admitió Tedros en el aeropuerto de Bunia, en un llamamiento desesperado a un alto el fuego que la diplomacia internacional observa con escepticismo. La epidemia se está moviendo por corredores humanitarios improvisados y asentamientos mineros informales, un entorno hiperconectado y sin saneamiento donde el rastreo de contactos es una quimera.

<p>El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus - REUTERS/ DENIS BALIBOUSE</p>
El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus – REUTERS/ DENIS BALIBOUSE

La amenaza de la cepa Bundibugyo: sin armas médicas

La variable que más preocupa a los técnicos de Sanidad en Roma es la naturaleza del virus. No se trata de la cepa Zaire, la que devastó África Occidental hace diez años y para la que la ciencia logró desarrollar vacunas eficaces. El brote actual corresponde a la cepa Bundibugyo.

Para esta variante específica no existen vacunas comerciales aprobadas ni tratamientos específicos con luz verde regulatoria. La única herramienta médica disponible es el aislamiento estricto durante las tres semanas que dura el periodo de incubación, una estrategia impracticable en una zona de guerra activa.

El pulso político por la soberanía de Schengen

La jugada política de Meloni tiene varias lecturas en los pasillos de Bruselas. Al centrar la reclamación en la gestión de las “llegadas directas e indirectas”, Italia introduce el debate del control migratorio por la puerta de la seguridad sanitaria, un terreno donde las competencias de la Unión Europea son difusas y los Estados miembros suelen blindar su soberanía.

Cámara termográfica que comprueba si presentan fiebre, en el Aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta de Nairobi - AP/ BEN CURTIS
Cámara termográfica que comprueba si presentan fiebre, en el Aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta de Nairobi – AP/ BEN CURTIS

La carta del palacio Chigi matiza de forma muy medida el respeto a la soberanía nacional de cada país, consciente de que propuestas similares en el pasado encallaron por el rechazo de las capitales a ceder el control de sus aeropuertos.

El debate técnico en el Consejo Europeo del 18 y 19 de junio medirá el grado de cohesión ante un riesgo importado. Mientras el Spallanzani envía recursos para intentar contener el foco en Kinshasa, la diplomacia italiana busca blindar el espacio aéreo europeo bajo un protocolo único.

Los precedentes de coordinación sanitaria en la Unión Europea demuestran que el consenso es lento, justo lo contrario de lo que requiere la ventana de incubación de un virus que ya ha demostrado su capacidad para saltar fronteras antes de dar la cara.


Fuente:

www.atalayar.com

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