Uno de los principales objetivos de los sistemas educativos actuales es desarrollar la competencia lingüística de los estudiantes en todas sus lenguas. El inglés como lengua extranjera en el colegio (y fuera de él) es la elección más frecuente. España se coloca en un nivel medio en Europa en cuanto al nivel en inglés, en la posición 26 de 37. ¿Cómo podríamos mejorar? ¿Es beneficioso reforzar el aprendizaje en la etapa de secundaria con clases extraescolares?
Muchas familias piensan que cuanto antes empiecen los niños o niñas a aprender inglés, mejor, aunque esto no siempre es así. Pero aparte de la edad de comienzo o de la cantidad de horas semanales, hay otros factores que influyen en el aprendizaje. Uno de ellos es la interacción entre la madurez mental del estudiante y el tipo de exposición al idioma.
El inglés dentro y fuera de clase
En primer lugar, los niños y adolescentes ya no aprenden inglés únicamente en un aula. La música, películas o videojuegos en inglés son cada vez más comunes. Esto es a lo que los investigadores han llamado exposición extramural o fuera del aula.
A este tipo de exposición más informal donde el aprendizaje ocurre de manera más accidental, por lo general, se le suman la exposición fuera del aula más formal (clases en academias, donde el aprendizaje es más estructurado y guiado) y la instrucción dentro del aula. En teoría, cuanta más exposición, mejor, pero en la práctica no todas las formas de exposición funcionan igual ni en todas las edades.
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Un estudio con más de 500 adolescentes
Para entender mejor esta cuestión, hemos analizado la calidad de la escritura en inglés de más de 500 estudiantes de entre 12 y 16 años en el País Vasco, procedentes de 5 centros públicos. Todos ellos eran bilingües (euskera y español) y aprendían inglés como tercera lengua extranjera en el instituto. El alumnado recibía entre 3–4 horas de inglés semanales en el aula. Aproximadamente la mitad iba a una academia de inglés fuera del colegio.
Especialmente, nos interesaba una pregunta: ¿cómo influyen la edad y los diferentes tipos de exposición al inglés (academias e informal) en su rendimiento escrito? Los resultados fueron claros, pero también sorprendentes.
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La edad, el factor más importante
El principal hallazgo fue que la edad es el factor que más influye en la calidad del inglés del alumnado: los estudiantes mayores obtenían mejores resultados en escritura que los más jóvenes. Las variables de exposición fuera del aula también tuvieron un efecto positivo, pero menor en comparación a la edad.
La importancia de la edad puede parecer obvia, pero tiene implicaciones muy importantes. No se trata solo de acumular horas de aprendizaje, sino de desarrollo cognitivo y madurez. A medida que los estudiantes crecen, mejora su capacidad de expresarse por escrito, tanto de los que van a academia como los que no.
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Ir o no ir a la academia
Uno de los resultados más interesantes del estudio es que no todos los tipos de exposición afectan igual en todas las edades.
Nuestros resultados muestran que las academias (el aprendizaje extraescolar más estructurado) sí marcan la diferencia en los primeros cursos de secundaria. Los alumnos más jóvenes que asisten a academias obtiene mejores resultados que los que no. Sin embargo, este efecto se va reduciendo a lo largo de la ESO hasta desaparecer: en 4º de la ESO, ir a la academia ya no supone una ventaja frente a no ir. De hecho, el efecto de las horas acumuladas en academia se va reduciendo con la edad, de modo que la ventaja desaparece a finales de la ESO.
Por otro lado, ocurre lo contrario con la exposición informal. En los primeros años de la ESO, ver series en inglés o escuchar música no parece tener un impacto significativo en el rendimiento de los alumnos. Pero a medida que los estudiantes crecen, esto empieza a marcar la diferencia: en 3º y 4º de la ESO, estas actividades (en especial ver programas o películas, escuchar música y usar redes sociales en inglés) se asocian con mejores resultados en escritura. Este efecto positivo está relacionado, seguramente, con la importancia de una base más sólida para poder sacar partido de estos contenidos más informales.
En resumen, el mismo tipo de exposición no funciona igual a los 12 que a los 16 años.
Varias claves prácticas
Estos resultados tienen implicaciones claras para familias, profesorado y responsables educativos. Más que apostar por una única fórmula, parece más eficaz adaptar las estrategias a la edad del alumnado.
En edades tempranas, mejor aprendizaje guiado. En los primeros años de la ESO, el alumnado se beneficia más de contextos estructurados (como una academia). Sin embargo, aquí entran factores sociales y económicos, ya que las academias suelen tener un coste elevado y no están al alcance de todos. Por ello, sería interesante que los institutos pudieran adoptar metodologías más cercanas a las academias, con una enseñanza más estructurada y adaptada por niveles dentro del propio sistema educativo.
En edades más avanzadas, hay que aprovechar más el inglés fuera del aula. A partir de cierta edad, el contacto con el inglés en contextos reales (series, música, etc.) se vuelve muy valioso. Profesorado y familias deberían fomentar este uso informal para aprovechar estas ventajas.
No se trata de cantidad de horas, sino del momento y el tipo de exposición. Muchas veces pensamos que “más es mejor”, pero la clave es combinar distintos tipos de exposición que se ajusten a la edad del alumnado.
En conclusión, es importante tener en cuenta la edad y madurez del alumnado para que puedan sacar provecho de los diferentes contextos para aprender inglés. En ese sentido, proponemos un enfoque flexible en el que esos contextos van evolucionado con el alumnado: contextos más formales y estructurados van dejando paso a oportunidades de uso real del idioma fuera del aula. No se trata de sustituir, sino de combinar estratégicamente estos tipos de exposición.
Fuente:
theconversation.com



