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Fran Nieto

Este libro encaja a la perfección en la tradición del punto de vista de «un extraterrestre observa a la humanidad». Esto implica una especie de «otra» figura, generalmente un alienígena, quien realiza observaciones involuntariamente humorísticas sobre la humanidad a medida que nos conoce mejor. Uno de mis ejemplos favorito es la comedia de televisión «3rd Rock from the Sun», que aquí se estrenó en Antena 3 con el título nada probable de “Cosas de marcianos”, con un gran John Lithgow y que supuso uno de los primeros papeles de Joseph Gordon-Lewis, aunque otros que me vienen a la mente son la película Los Caraconos (puede que no haya enevejecido muy bien) y, por supuesto, el espectacular comienzo de «La Guía del Autoestopista Galáctico», que incluye este párrafo que me hace reír cada vez que lo leo:
Este libro trata sobre ella. Su voz, y también su cuerpo: la forma ingeniosa, a veces asquerosa y fascinante en que funciona su ser
“Este planeta tiene, o mejor dicho, tenía, un problema: la mayoría de sus habitantes estaban descontentos la mayor parte del tiempo. Se propusieron muchas soluciones, pero la mayoría se centraban principalmente en el movimiento de pequeños trozos de papel verdes, lo cual resulta extraño porque, en general, no eran los pequeños trozos de papel verdes los que estaban descontentos”, Douglas Adams.
Shesheshen no es una extraterrestre, es un monstruo, pero su posición en la historia es la misma. Se trata de una observadora, a menudo confusa, cuya posición como forastera le otorga unas perspectivas tremendas, humorísticas y decididamente profundas. También es más cansada de lo que se suele ver en este tipo de narrador, porque ha vivido cerca de la humanidad (y se ha dado un festín con ella, claro está) durante bastante tiempo, y está siempre está intentando matarla, y ella no entiende qué es lo que pasa, y la verdad es que es lo más cercano que puedas haber oído jamás.
Este libro trata sobre su viaje hacia la conexión: la madurez, pero emprende justo lo contrario de la narrativa típica de este tipo de historias, que implican emprender un camino propio y construir una identidad independiente de los sistemas que la criaron hasta la edad adulta. Esta madurez se trata de confianza, vulnerabilidad y comprensión; de lo que llamaríamos «convertirse en humano» si creyéramos que ser humano es realmente maravilloso, y no creo que Shesheshen lo tenga muy claro.
El buen hacer del autor te lleva a la conclusión de que alguien entiende cómo escribir sobre un ser que no es humano
A menudo cuando entablas una conversación que trata de ciencia ficción y fantasía e incides en que suele ser materia común la exploración de las cosas mediante la exageración, y dependiendo de con quién uno habla, a menudo suelen mirar con una especie de desconcierto, pero es exactamente a lo que me refiero. La fantasía no es solo una vía de escape, aunque a menudo lo es, y de verdad, gracias a Dios. Pero la fantasía también hace que las cosas sean más grandes, extremas o dramáticas para que puedas realmente observarlas. Eso es lo que Shesheshen hace con la humanidad, con el amor, con la familia, con la agotadora y aterradora, pero significativa, tarea de conocer a alguien y ser conocido. Puedes verlos todos, por fin, porque te los muestra de una manera nueva y extraña.
Este libro trata sobre ella. Su voz, y también su cuerpo: la forma ingeniosa, a veces asquerosa y fascinante en que funciona su ser. El buen hacer del autor te lleva a la conclusión de que alguien entiende cómo escribir sobre un ser que no es humano y cómo mostrar los inevitables conflictos y tensiones que surgirían si nos encontráramos con algo que no fuera nosotros: una figura alienígena real, no solo un humanoide con una máscara de goma. ¿Es el punto de vista de Shesheshen identificable? Sí. ¿Va a arrancarle el esófago a un cadáver y contártelo? Pues también. Simplemente debes aprender a ver a través de los ojos del monstruo.
En definitiva, una delicia divertidísima de principio a fin.
Source:
www.nuevatribuna.es




