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Irán e Israel desafían a Trump y se muestran dispuestos a prolongar la guerra

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Donald Trump tiene prisa por finiquitar su aventura bélica en Irán. El fantasma de una recesión económica mundial ya asoma por la puerta, y llegar a las elecciones legislativas de noviembre con un Oriente Medio en llamas no es lo que más le conviene al presidente estadounidense. “La guerra ya está casi terminada”, aseguró ayer el magnate, en un intento de calmar a unos mercados y un electorado cada vez más inquietos.

El problema es que, para que una guerra termine, todos los actores implicados tienen que poner de su parte, y de momento ni Irán ni Israel parecen interesados en cerrar pronto esta crisis.

De cara al público, el régimen de los ayatolás se muestra inflexible: el final de la contienda no lo decidirá Washington. Así lo recalcó la noche del lunes el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, quien, en una entrevista concedida a la emisora estadounidense PBS, aseguró que su país está “bien preparado” para seguir luchando “mientras sea necesario”.

El dirigente afirmó que EE.UU. e Israel están “sin rumbo” después de haber fracasado en su intento de lograr un cambio de régimen en pocos días y descartó cualquier salida pactada con la Casa Blanca. “Tenemos una experiencia muy amarga al hablar con los estadounidenses”, dijo Araghchi, en referencia a los ataques recibidos ahora y el pasado junio, en plenas negociaciones sobre el programa nuclear iraní. “Las conversaciones ya no están en nuestra agenda”, agregó.

En la misma línea se expresó este martes la Guardia Revolucionaria: a través de un portavoz, este cuerpo armado declaró que será Teherán quien determine el fin de la guerra y que el bloqueo del estrecho de Ormuz se mantendrá mientras duren los ataques estadounidenses e israelíes. Cabe recordar que por esta vía pasa casi el 20% del crudo mundial: cada día que permanece cerrada, se multiplica el riesgo de un cataclismo financiero. Países como Pakistán ya han impuesto medidas de austeridad para ahorrar energía ante las interrupciones del suministro, como el teletrabajo obligatorio para los empleados públicos y el cierre de las escuelas.

Al mismo tiempo, las fuerzas militares iraníes siguen con su estrategia de extender el conflicto por toda la región, con ataques contra las monarquías del Golfo aliadas de Washington. Este martes, los misiles y drones volvieron a golpear zonas de Emiratos Árabes, Bahréin y Arabia Saudí.

A todo ello hay que sumar el reciente nombramiento de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo de Irán. Poco se sabe de los planes de este clérigo –nunca ha dado entrevistas ni discursos públicos–, pero su elección evidencia la voluntad de los ayatolás de seguir plantando cara a EE.UU.

Por su parte, Israel ya ha dejado claro que esta guerra no concluirá hasta que caiga el régimen de Teherán. “Nuestra aspiración es lograr que el pueblo iraní se libere del yugo de la tiranía”, dijo hoy el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu. “No cabe duda de que, con las acciones llevadas a cabo hasta ahora, estamos quebrándoles, y aún nos queda mucho por hacer”, añadió el mandatario.

Para Israel, Irán constituye una amenaza existencial. Y teniendo en cuenta que Netanyahu se juega el cargo este año –en octubre hay elecciones, aunque no se descarta un adelanto si la coyuntura es favorable al Gobierno–, difícilmente Tel Aviv querrá renunciar al derrocamiento del régimen en aras de satisfacer el interés de Trump por una salida rápida del conflicto. El Ejecutivo israelí cuenta además con un amplio respaldo popular para prolongar su campaña militar: hasta un 93 % de la población judía secunda la ofensiva, según un sondeo del Instituto para la Democracia de Israel.

Además, la guerra contra Irán sirve para dar impulso a la ocupación de Líbano. El ejército israelí sigue avanzando por el sur del país bajo el pretexto de eliminar a Hizbulah, la milicia chií apoyada por Teherán, y los bombardeos se suceden sobre ciudades como Beirut. La ofensiva ha provocado ya el desplazamiento de 667.000 personas, según datos de Acnur.

De hecho, Israel prevé que su operación en Líbano continúe más allá del final de la guerra contra Irán. De acuerdo con fuentes consultadas por Financial Times, Tel Aviv planteó esta campaña incluso antes de lanzar su ataque contra Teherán y está decidido a destinar el tiempo que haga falta para erradicar a Hizbulah de la zona.

La realidad del campo de batalla, pues, choca por ahora con los planes de Trump. Aunque, si algo distingue al republicano, es su inconsistencia: así se ha demostrado una y otra vez desde el inicio de esta guerra.

Daniel Rodríguez Caruncho

Periodista. Redactor de Internacional de La Vanguardia.


Source:

www.lavanguardia.com

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