La política imperante en Mongolia desde la caída de la Unión Soviética se resquebraja de manera acelerada. Apenas 8 meses después de la dimisión del primer ministro Luvsannamsrain Oyun-Erdene tras una oleada de protestas anticorrupción, su sucesor, Gombojavyn Zandanshatar, ha corrido la misma suerte.
Una feroz batalla se libra en el seno del Partido Popular Mongol (PPM). La formación más vetusta del país, nacida al calor de la Revolución mongola (1921) y convertida en hegemónica durante el período comunista, enfrenta ahora un elevado grado de inestabilidad derivado del estancamiento económico y el choque entre cohortes generacionales.
Dos generaciones con cosmovisiones antitéticas del modelo de país se disputan el control del partido: los nacidos en los años setenta, aglutinados alrededor de la figura del presidente de la república, Ukhnaagiin Khürelsükh, se enfrentan a sus equivalentes de la generación de los años ochenta, quienes tienen como máximo representante a Amarbayasgalan Dashzegve, el presidente del parlamento.
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Los primeros, formados durante la descomposición soviética, representan a las tradicionales élites mineras de Mongolia. Unas facciones dominantes cuyos negocios suponen una cuarta parte del PIB nacional y un 80% de las exportaciones. Frente a ellos, la cohorte de la década de 1980 canaliza en gran parte el ascenso de Ulán Bator como un gran polo demográfico que concentra el 50% de la población y un porcentaje similar del PIB.
La patria de Gengis Khan se ve sacudida por el sempiterno conflicto entre reformistas e inmovilistas. La desaceleración del crecimiento económico provocada por la caída de los precios del carbón combinada con otras problemáticas estructurales –como la creciente desigualdad social y el aumento de los problemas climáticos– dio a Dashzegve la fuerza para intentar poner en jaque a la dupla Zandanshatar-Khürelsükh.
Y lo consiguió. Durante la Octava Conferencia Menor del MPP, las tensiones se desbordaron. Dashzegve y Zandanshatar se disputaron la presidencia del partido con un resultado abrumadoramente favorable para el primero. Viendo la debilidad, Tsogtgerel Odon, el flamante nuevo líder del Partido Democrático (PD) –la principal fuerza opositora–, quien se presenta también como un reformador, inició una moción de censura.
No fue necesaria llevarla a cabo. Viéndose acorralado, Zandanshatar se adelantó y dimitió. Su renuncia marca el inicio de una nueva batalla entre ambas corrientes, esta vez por el control del cargo de primer ministro. Sin embargo, la lucha traspasa las fronteras de Mongolia.
La ¿nueva? política exterior de Mongolia
La llamada estrategia del Tercer Vecino, el eje central de la política exterior de Ulán Bator durante décadas, se encuentra en serio retroceso a medida que la corriente reformista se adueña de la retórica de los dos principales partidos políticos del país.
Los nuevos perfiles políticos intentan irradiar tecnocratismo, pero no queda claro ante qué criterios profesionales responderían en un contexto internacional cada vez más convulso.
Economía y política exterior no tienen por qué ir de la mano en Mongolia. Durante la década anterior, la diplomacia mongola ha intentado emplear a Washington y a Moscú como anclas que evitaban que Ulán Bator se viera totalmente absorbida por la descomunal influencia económica que ejerce Pekín sobre su vecino septentrional. Pero ese contrapeso se está extinguiendo.
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La guerra contra Irán está dragando los recursos norteamericanos en Asia-Pacífico, mientras que Rusia, vinculada económicamente más que nunca a China, actúa ahora como un potenciador de dicha dinámica en vez de como un impedimento.
Dashzegve parece apostar decididamente por el gigante asiático. Contrariando a la administración de Zandanshatar, que había estado retrasando su construcción en espera de mejores condiciones, el presidente del parlamento apoyó decididamente la construcción del gasoducto Poder de Siberia 2.
Además, ha propuesto reactivar el ferrocarril Ganqimaodu-Gashuun Sukhait, un nodo esencial para la exportación de carbón en un momento en que la escasez de petróleo alimenta la necesidad de carbón de la economía china.
Fuente:
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