Jesús Lázaro Owono Ngua, conocido por su entorno como Chus, ha quedado en el centro de una noticia que desborda lo deportivo. El portero del FC Andorra se vio involucrado el lunes en el choque que precedió a la muerte, este martes, de Jesús de Miguel, delantero del CD Tenerife, a los 30 años. La conmoción en el fútbol español ha puesto también el foco sobre la trayectoria de un guardameta cuya vida comenzó lejos de los estadios profesionales.
Owono nació en 2001 en Bata, la ciudad más poblada de Guinea Ecuatorial. Ocho años después dejó el país junto a su familia para instalarse en el País Vasco, en un traslado vinculado a la búsqueda de mejores oportunidades. Su llegada a San Sebastián marcó el inicio de una nueva etapa personal y educativa: sus primeras palabras en euskera las aprendió en la ikastola Ibai, situada en el barrio de Ibaeta.
El contacto con la portería nació de una circunstancia escolar. En una jornada en la que el guardameta habitual no pudo jugar por lesión, Owono ocupó el puesto bajo los palos. Aquel episodio abrió una vía inesperada en su relación con el balón. Desde entonces, su agilidad y su capacidad para lanzarse a detener remates se convirtieron en rasgos asociados a su juego, dentro de un desarrollo que lo llevó hasta el fútbol profesional.
Con 1,83 metros de estatura, el portero ecuatoguineano representa una de esas trayectorias en las que migración, escuela y deporte se cruzan de manera decisiva. Su historia personal se insertó primero en la vida cotidiana de un barrio donostiarra y después en la exigencia de los clubes. El caso ha adquirido ahora una dimensión especialmente delicada por la muerte de Jesús de Miguel, un desenlace que obliga a separar el perfil deportivo de Owono del dolor provocado por un lance con consecuencias irreparables.




