El Balón de Oro volvió a hablar en clave española en Londres, aunque no de forma completa. Alexia Putellas conquistó su tercer galardón individual y prolongó una racha inédita para el fútbol femenino español: seis ediciones consecutivas con una jugadora del país en lo más alto. La ceremonia, organizada por France Football en su 70.º aniversario, tuvo una marcada presencia del castellano y también del catalán, reflejo del peso que mantiene España en la élite del balón.
El triunfo de Putellas llegó después de tres años dominados por Aitana Bonmatí, que había encadenado el reconocimiento a la mejor futbolista del mundo. La nueva ganadora, ahora en el London City Lionesses, cerró el ciclo con una referencia a su etapa en el Barcelona, club en el que desarrolló buena parte de su carrera durante 14 años. Su premio confirma que la influencia del fútbol español femenino no depende de una sola figura, sino de una generación capaz de mantenerse en la cima durante un periodo prolongado.
En la categoría masculina, el desenlace dejó a Lamine Yamal sin un doblete histórico para España. El título mundial conquistado con la selección no bastó para superar el impacto estadístico de Harry Kane, que cerró el año con 73 goles y alcanzó las semifinales tanto en el Mundial disputado en Estados Unidos como en la Champions. La votación premió la producción ofensiva del delantero inglés, convertido a los 33 años en protagonista de la noche ante el público de su país.
El caso masculino subraya una tensión habitual en este tipo de reconocimientos: el equilibrio entre los títulos colectivos y el rendimiento individual. Lamine aportó un campeonato de enorme valor competitivo para la selección española, mientras que Kane presentó una cifra goleadora excepcional en el tramo más relevante de su carrera. La elección no resta dimensión al ascenso del joven internacional español, pero sí sitúa el listón del premio en una combinación muy exigente de impacto, continuidad y peso competitivo.
La gala dejó así una lectura doble para el fútbol español. Por un lado, confirmó el liderazgo sostenido de sus jugadoras en la escena internacional, con Putellas y Bonmatí como referentes de una hegemonía reciente. Por otro, mostró que el salto definitivo al primer puesto masculino aún deberá esperar, pese al empuje de Lamine. Londres coronó a una leyenda femenina española y a un goleador inglés en plenitud, en una edición que mantuvo a España en el centro del debate futbolístico mundial.




