Un riesgo genético afecta a un porcentaje de la población que puede convertir la codeína en morfina a una velocidad anómala, incluso con dosis terapéuticas. Según la estimación de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, entre el 3% y el 6,5% de las personas presenta una variante genética que acelera este proceso hepático, lo que incrementa la probabilidad de intoxicación por morfina y, en casos extremos, puede provocar la muerte.
El fenómeno se relaciona con diferencias en la actividad de la enzima hepática CYP2D6, responsable de transformar la codeína en su metabolito activo, la morfina. En individuos con actividad enzimática muy alta —denominados metabolizadores ultrarrápidos—, concentraciones elevadas de morfina pueden aparecer tras una única toma estándar, con el consiguiente riesgo de depresión respiratoria. Existen informes clínicos que vinculan esta situación con episodios graves, incluidos fallecimientos, cuando la conversión es especialmente rápida.
La existencia de esta variabilidad metabólica plantea desafíos para la práctica clínica: la identificación de pacientes con riesgo permitiría ajustar tratamientos o seleccionar alternativas terapéuticas con menor probabilidad de generar metabolitos peligrosos. La integración de la farmacogenética en la atención médica facilita la detección de estas variantes, pero la disponibilidad de pruebas genéticas y su uso sistemático varía entre centros y sistemas sanitarios.
Para la salud pública, la presencia de metabolizadores ultrarrápidos subraya la necesidad de mejorar la comunicación entre profesionales y pacientes sobre los riesgos asociados a fármacos que dependen de metabolismo activo, revisar las guías de prescripción y considerar medidas de seguridad adicionales en poblaciones vulnerables. La incorporación de información genética en la toma de decisiones terapéuticas puede contribuir a reducir eventos adversos y a hacer la medicación más segura y eficaz.




