Durante décadas han permanecido ahí, cubiertos por tierra, vegetación y el paso del tiempo. A simple vista, los grandes túmulos de Coëby, en la región francesa de Bretaña, parecen suaves elevaciones del terreno sin rasgos especialmente llamativos. Sin embargo, bajo esas masas de tierra podrían ocultarse algunos de los monumentos funerarios más singulares del Neolítico europeo. Un nuevo estudio basado en prospecciones eléctricas ha permitido observar por primera vez qué podría esconderse en su interior sin necesidad de excavar.
El trabajo, publicado en la revista Archaeological Prospection, se ha centrado en dos enormes túmulos alargados del yacimiento de Coëby, en el municipio de Trédion (Morbihan). Los investigadores sostienen que ambos contienen importantes estructuras de piedra enterradas y plantean una hipótesis tan sugerente como prudente: estos monumentos podrían pertenecer a una tipología muy poco frecuente de grandes túmulos funerarios asociados a estelas antropomorfas o grandes bloques verticales.
La investigación supone un paso importante para comprender uno de los conjuntos megalíticos menos conocidos de Bretaña. Aunque esta región francesa es célebre por lugares como Carnac, el cementerio neolítico de Coëby reúne una concentración excepcional de monumentos construidos entre el Neolítico y la Edad del Bronce que todavía plantea numerosas incógnitas arqueológicas.
Lo más llamativo es que, cuarenta años después de su descubrimiento, estos túmulos siguen prácticamente intactos. Su protección patrimonial y su fragilidad han impedido realizar excavaciones extensas, de modo que la única forma de asomarse a su interior ha sido mediante técnicas geofísicas capaces de «ver» bajo el suelo sin alterar el yacimiento.
Un cementerio prehistórico muy diferente a los demás
El conjunto arqueológico de Coëby fue identificado en 1986 y desde entonces ha ido revelando una organización sorprendente. En lugar de una distribución aleatoria de monumentos, el paisaje parece responder a una planificación muy concreta, donde distintos tipos de construcciones ocupan áreas específicas.
Entre ellas destacan varios túmulos alargados que no tienen demasiados paralelos en Bretaña. Algunos presentan formas similares a un cigarro; otros recuerdan a una pera o poseen perfiles más redondeados. Sus dimensiones son considerables: alcanzan entre 50 y 80 metros de longitud, con anchuras de hasta 40 metros y alturas cercanas a los dos metros.
A diferencia de otros monumentos megalíticos, apenas muestran elementos visibles en superficie. En algunos casos únicamente sobresalen unas pocas losas de granito en uno de sus extremos. Esa aparente sencillez ha dificultado durante años interpretar su función y su arquitectura original.
Las excavaciones parciales realizadas en la década de 1990 ya ofrecieron una primera pista. En uno de estos túmulos apareció una estructura construida principalmente con tierra y limo, rodeada por un foso perimetral. Pero el hallazgo más inesperado fue el descubrimiento de dos grandes estelas de aspecto antropomorfo enterradas en el interior del monumento, una característica que todavía hoy continúa sin una explicación definitiva.

Las anomalías de alta resistividad detectadas apuntan con gran probabilidad a la existencia de agrupaciones de bloques de piedra en el interior de los túmulos TRED30 y TRED31.
La electricidad permite mirar bajo tierra sin excavar
Para estudiar los túmulos TRED30 y TRED31, los investigadores recurrieron a una técnica de prospección basada en la resistividad eléctrica. El procedimiento consiste en introducir electrodos en el terreno y hacer circular una corriente de muy baja intensidad.
El principio físico es sencillo. Los sedimentos húmedos conducen relativamente bien la electricidad, mientras que los grandes bloques de granito ofrecen mucha más resistencia. Midiendo esas diferencias es posible elaborar mapas que muestran anomalías compatibles con estructuras enterradas.
Los trabajos se realizaron con una resolución especialmente elevada y a distintas profundidades de investigación. El objetivo era comprobar si el interior de los túmulos escondía grandes bloques aislados, cámaras de piedra, alineamientos o cualquier otro elemento arquitectónico imposible de detectar desde la superficie.
Los resultados fueron reveladores. En ambos monumentos aparecieron fuertes anomalías de alta resistividad concentradas en la parte central de los túmulos, precisamente donde cabría esperar la presencia de elementos constructivos principales.
Las prospecciones geofísicas permiten localizar estructuras ocultas, pero solo una excavación arqueológica completa podrá confirmar con certeza la naturaleza de los elementos enterrados.
Dos monumentos parecidos… pero con historias distintas
Aunque ambos túmulos comparten rasgos generales, las imágenes obtenidas muestran diferencias interesantes.
En TRED30 las principales anomalías aparecen a mayor profundidad. Los investigadores interpretan que corresponden a grandes concentraciones de bloques pétreos enterrados en el núcleo del monumento. Algunas de estas señales aumentan de intensidad conforme se analiza el subsuelo más profundo, lo que sugiere que las estructuras principales permanecen bien conservadas bajo la masa de tierra.

El caso de TRED31 resulta diferente. Allí las anomalías aparecen mucho más cerca de la superficie. De hecho, la erosión había dejado parcialmente visible la parte superior de uno de los bloques sin que hasta ahora se hubiera relacionado con una estructura de mayor tamaño enterrada bajo el túmulo.
Las décadas de actividad forestal y las labores de explotación maderera también han alterado parcialmente ambos monumentos. Caminos abiertos entre los árboles y procesos erosivos han modificado su relieve, complicando la lectura arqueológica y ocultando elementos como fosos o zanjas de extracción de materiales.
Pese a ello, las imágenes obtenidas permiten distinguir con claridad varios grupos de anomalías que coinciden con el comportamiento eléctrico esperado para grandes bloques graníticos similares a los documentados en otros monumentos megalíticos cercanos.
A pesar de los avances obtenidos mediante las prospecciones eléctricas, el verdadero contenido de estos monumentos continúa siendo una incógnita arqueológica.
Una posible relación con los misteriosos monumentos de tipo Passy
Los autores del estudio son prudentes. Las prospecciones geofísicas no permiten identificar con absoluta certeza la forma exacta de las estructuras enterradas ni su función. Sin embargo, los resultados encajan con una hipótesis que lleva años cobrando fuerza en Coëby.
Las excavaciones anteriores demostraron que algunos de estos túmulos ocultaban grandes estelas de granito de aspecto humano. Si los nuevos bloques detectados corresponden a elementos similares, el conjunto podría relacionarse con los llamados monumentos de tipo Passy.
Este tipo de construcciones, conocidas principalmente en otras regiones de Francia, se caracteriza por largos túmulos de tierra que cubrían monumentales estructuras funerarias y, en ocasiones, grandes piedras erguidas asociadas a prácticas rituales. Su cronología se sitúa en pleno Neolítico medio, hace aproximadamente entre 6.000 y 6.500 años.
De confirmarse esta interpretación, Coëby representaría uno de los ejemplos más singulares de este fenómeno en Bretaña y ayudaría a comprender mejor cómo evolucionaron las primeras arquitecturas monumentales del occidente europeo.

El verdadero secreto sigue bajo tierra
A pesar del avance tecnológico, los propios investigadores reconocen que todavía quedan muchas preguntas abiertas. Las imágenes eléctricas permiten localizar anomalías, pero no ofrecen una fotografía exacta de lo que esconden los túmulos.
Los científicos plantean ampliar las prospecciones utilizando nuevas técnicas geofísicas para obtener modelos tridimensionales más precisos del subsuelo. Sin embargo, coinciden en una idea fundamental: únicamente una excavación arqueológica completa podrá confirmar la naturaleza de las estructuras detectadas.

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Mientras tanto, los grandes túmulos de Coëby continúan guardando un secreto que ha permanecido oculto durante más de seis milenios. Lo que hoy aparece como simples elevaciones cubiertas de tierra podría conservar uno de los capítulos menos conocidos del megalitismo europeo, esperando el momento en que la arqueología pueda revelar definitivamente qué construyeron sus antiguos habitantes y por qué decidieron enterrarlo bajo semejantes monumentos.
Referencias
Philippe Gouézin et al, Atypical Long Barrows in the Cöeby Neolithic Cemetery (Trédion, Morbihan, France)? The Contribution of Electrical Surveys, Archaeological Prospection (2026). DOI: 10.1002/arp.70060
Fuente:
muyinteresante.okdiario.com



