Cuando Verónica Grech era una niña, en clase siempre se referían a ella como “la que dibujaba bien”. Tenía una habilidad natural. En el momento en el que se empezaron a encaminar los estudios, parecía que la opción más clara era Bellas Artes. Lo que no imaginó entonces era que acabaría ilustrando algunas de las cabeceras estadounidenses más influyentes desde su estudio en Asturias. “Cuando yo estudié, no se hablaba de ilustración, tampoco de cómic. Se estudiaba para ser artista, profesora, restauradora…”, recuerda Grech. “Era una gran lectora de cómic, pero no sabía que te podías dedicar a esto”, confirma.
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Fuente:
elpais.com



