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Cómo afectará a la fauna y a la meteorología el próximo eclipse solar

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El 12 de agosto de 2026, España vivirá el primer eclipse solar total sobre su territorio peninsular en 121 años. La sombra de la Luna cruzará el país de noroeste a sureste, desde A Coruña hasta Palma de Mallorca, en una franja que la guía completa del fenómeno detalla con precisión. Pero mientras la atención se centra en la corona solar y en dónde conseguir las mejores vistas, hay una pregunta menos evidente: qué le pasa al resto de seres vivos, y al aire que respiran, durante los minutos exactos en que el Sol desaparece.

La ciencia lleva décadas intentando responder a esa pregunta, aunque de forma incompleta. Los eclipses totales son raros, imprevisibles en su ubicación exacta y casi imposibles de replicar en laboratorio: cada nuevo paso de la sombra lunar por una zona poblada es un experimento natural que solo ocurre una vez.

Por qué el aire se enfría en minutos, no en horas

Un eclipse solar total ocurre cuando la Luna se interpone exactamente entre el Sol y la Tierra y tapa por completo el disco solar durante un intervalo que rara vez supera los pocos minutos. El mecanismo de esa alineación, explicado en detalle en este repaso a cómo se produce un eclipse solar, no es lo único que cambia: durante esos minutos se hace visible la corona solar, la atmósfera exterior del Sol que normalmente queda oculta por su propio resplandor, tal y como recoge este análisis de las capas del Sol y su impacto en la Tierra.

Contraste entre el horizonte rural al atardecer y la corona solar en el cielo azul profundo durante un eclipse.
Representación visual del contraste de luz entre el atardecer natural y la corona solar durante la totalidad del eclipse. Fuente: Nano Banana / Scruzcampillo.

Si esa explicación de la corona deja con ganas de profundizar, el pack especial de Astronomía reúne tres títulos sobre el Sistema Solar, con un bloque dedicado a la corona y al eclipse de 1919 que ayudó a confirmar la teoría de la relatividad de Einstein: descúbrelo en el pack especial de Astronomía.

La temperatura del aire no depende de forma directa de la luz del Sol, sino del calor que el suelo le transmite por convección, así que basta con interrumpir esa cadena unos minutos para que el termómetro reaccione. La atmósfera es mala conductora del calor solar: es el suelo el que se calienta primero y luego calienta el aire que tiene encima. Cuando la Luna bloquea el disco solar, el suelo deja de recibir energía y el aire empieza a enfriarse casi de inmediato. En los eclipses totales ya medidos, la caída media ronda los 5 °C, aunque el registro más citado llegó a unos 8 °C durante el eclipse de junio de 2001 cerca de Lusaka, en Zambia.

El aire tarda minutos en enfriarse y solo unos más en recuperar la temperatura habitual: es una prueba en miniatura de cómo funciona el clima de todo el planeta.

Esa cifra no es fija. La magnitud del enfriamiento depende de la humedad, la nubosidad y la estación del año en cada punto del recorrido, así que ningún eclipse se enfría exactamente igual que el anterior. El del 12 de agosto de 2026 añade una variable poco estudiada hasta ahora: el eclipse de España alcanza la totalidad entre las 20:27 y las 20:33, hora peninsular, con el Sol ya bajo sobre el horizonte y el ocaso natural en marcha. Es razonable esperar que el contraste térmico resulte menos brusco que en un eclipse de mediodía, aunque nadie lo ha medido todavía en estas condiciones concretas.

Los animales confunden la tarde con la noche

La luz, no la temperatura, es la señal que más rápido activa el comportamiento animal. Cuando el cielo se oscurece de golpe, buena parte de la fauna diurna interpreta la señal igual que interpreta el atardecer, porque es la misma vía biológica que regula el reloj interno y el ciclo de sueño y vigilia de la mayoría de los vertebrados.

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El estudio más citado sobre el tema, publicado por Adam Hartstone-Rose y su equipo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, observó 17 especies de vertebrados durante el eclipse total del 21 de agosto de 2017 en el zoo Riverbanks de Columbia, en Carolina del Sur. El resultado: 13 de las 17 especies, en torno al 76%, cambiaron de comportamiento durante los minutos de totalidad. Gorilas, elefantes, cacatúas y dragones de Komodo se dirigieron hacia sus refugios nocturnos como si el día hubiera terminado. Las tortugas gigantes de Galápagos, en cambio, aprovecharon la penumbra repentina para iniciar cortejos de apareamiento, y los siamanes alteraron sus característicos cantos de largo alcance, acortando las secuencias habituales.

Trece de cada diecisiete especies cambiaron de conducta en apenas minutos, sin ninguna otra señal que la oscuridad repentina del mediodía.

No todas las especies reaccionaron con la misma intensidad. Babuinos, jirafas, flamencos, gorilas y loris mostraron signos de ansiedad (se agruparon, caminaron en círculos, se balancearon), mientras que osos grizzly, focas comunes, leones marinos de California y cucaburras no alteraron su rutina en ningún momento.

El verdadero motivo del estrés animal no es el eclipse

Esa diferencia entre especies inquietas y especies indiferentes tiene, según una segunda ronda de observación realizada en 2024, menos que ver con la astronomía de lo que parece. El mismo equipo de investigación repitió el experimento en el zoo de Fort Worth, en Texas, esta vez con la afluencia de público limitada a unas 2.200 personas frente a las 8.000 habituales, y en el zoo de Granby, en Quebec, cerrado por completo al público. En ambos casos, los animales mostraron muchos menos signos de ansiedad que en 2017.

La lectura de Hartstone-Rose es que el estrés animal durante un eclipse responde menos a la oscuridad que al ruido y al alboroto de las multitudes humanas que acuden a presenciarlo.

El eclipse de 2017 llegó con fuegos artificiales y multitudes eufóricas; el de 2024, con recintos casi vacíos. La única variable que cambió de verdad fue el comportamiento humano.

Este es el recorrido que seguirá el eclipse solar total en España en 2026

Este es el recorrido que seguirá el eclipse solar total en España en 2026

El 12 de agosto de 2026, la franja de totalidad recorrerá ciudades como Bilbao, Zaragoza, Valencia o Palma de Mallorca. Buena parte del país tendrá, por primera vez en más de un siglo, la oportunidad de comprobar en directo si las palomas de la plaza, los vencejos del campanario o el perro del vecino reaccionan igual que los animales de Riverbanks o siguen su rutina como si nada. Ningún estudio ha repetido todavía el experimento fuera de un zoo y en unas condiciones de casi ocaso como estas: esta vez, la Tierra entera hace de laboratorio.

Referencias

Hartstone-Rose, A., Dickinson, E., Paciulli, L.M., Deutsch, A.R., Tran, L., Jones, G., Leonard, K.C. (2020). Total Eclipse of the Zoo: Animal Behavior during a Total Solar Eclipse. Animals, 10(4), 587. DOI: 10.3390/ani10040587


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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