Redacción — La actualidad pone nuevamente atención en este caso.
El Gobierno francés quiere enviar una señal muy clara de que no tolerará la injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales del 2027. Así hay que interpretar la medida adoptada este viernes contra la periodista rusa Xenia Fedorova, propagandista de la política de Vladímir Putin, cuyos haberes en Francia quedan congelados durante seis meses, una sanción renovable. Sobre Fedorova pesa ya una orden de expulsión, contra la que su abogado ha recurrido.
Fedorova, que había dirigido la versión francesa del canal Russia Today, ahora prohibido, colabora en varios medios franceses, entre ellos la cadena de televisión CNews, la emisora de radio Europe 1 y el periódico dominical Le Journal du Dimanche, todos ellos del grupo de comunicación propiedad del magnate bretón Vincent Bolloré. Esta galaxia comunicativa, con sus analistas, tertulias, reportajes y entrevistas a líderes políticos, promueve con ahínco ciertos contenidos (énfasis en la inmigración desbordada, criminalidad, fiascos de la era Macron, etcétera) que concuerdan con la estrategia de la derecha dura y de la extrema derecha para ganar el poder.
La orden de expulsión es recurrible, aunque no impide su ejecución inmediata. El problema es que no hay desde Francia ningún vuelo directo a Rusia. El abogado de Fedorova calificó de ilegal la congelación de bienes y de atentado contra la libertad de expresión. Según el letrado, la medida muestra el “encarnizamiento” del Gobierno francés con la periodista rusa.
La actividad de Fedorova, que tiene prohibida la entrada en Alemania, es objeto de polémica en Francia desde hace tiempo, sobre todo desde que se supo que, en el 2024, le fue prolongado por diez años su permiso de residencia, a pesar de ser notoria su actividad de propaganda. El propio presidente Macron la etiquetó como agente rusa. El grupo centrista Renew en el Parlamento Europeo pidió adoptar sanciones contra ella por su relato manipulador sobre la guerra de Ucrania y respecto a la Unión Europea.
Francia se siente víctima desde hace años, incluidas las últimas campañas presidenciales, de injerencias rusas de todo tipo, como parte de la guerra híbrida de Putin. Además de la ofensiva de desinformación en el ciberespacio, ha habido acciones particularmente rocambolescas atribuidas a los servicios rusos, con ánimo desestabilizador, como las pintadas con estrellas de David en fachadas de París -para simular ataques antisemitas-, las cabezas de cerdo colocadas delante de mezquitas o la aparición de ataúdes vacíos delante de la torre Eiffel, para fomentar el miedo si Francia enviaba soldados a defender a Ucrania.
En el caso de Fedorova, parece que el Gobierno de París ha dicho basta, aunque ello suponga enfrentarse indirectamente al grupo Bolloré y ser más vulnerable a su campaña político-mediática.
Fuente:
www.lavanguardia.com



