La compleja voz del adolescente complicado ha sido —desde siempre, desde el Huckleberry Finn de Mark Twain— una de las herramientas fundamentales en el gran taller de la literatura norteamericana.
Y la voz del precoz y muy lector y quinceañero Nick en ‘Pan’ … se las arregla para hacer comulgar dos de las variedades más logradas de la especie: la del disfuncional pero iluminado e hipersensible Holden Caulfield en ‘El guardián entre el centeno’, de J. D. Salinger, y la del insensibilizado por el influjo de sustancias (descontroladas) Clay en ‘Menos que cero’ de Bret Easton Ellis. (Y siendo Clune, aunque formado en Chicago, irlandés de nacimiento, por qué no añadir a la mezcla una pizca idiomático-epifánica del Stephen Dedalus de ‘Retrato del artista adolescente’, de James Joyce).
‘Pan’
Autor
Michael Clune
Editorial
Anagrama
Año
2026
Páginas
336
Precio
21,90 euros
Valoración
***
Traducción
Javier Calvo
Y, sí, Nick es un hijo de su tiempo, de este tiempo. Un vástago del milenio que no fue escogido para el casting de series como ‘Euphoria’. Un ‘lost boy’ sin Peter Pan que lo lleve a las felices e irresponsables playas de Neverland para vencer al mundo adulto representado por el autoritario Capitán Hook. De ahí que Nick sufra (con cierto orgullo por vivir su diferencia) recurrentes ataques de pánico pronto atribuibles a una posesión místico-mítico-existencial del antiguo pero nunca anticuado dios Pan.
Y —todo y todos juntos ahora— hay un hogar nada dulce y saturnino padre devorador y madre proletario-feminista y mejor amigo redentor y alucinados acólitos adinerados y novia cómplice y estreno sexual y humo de marihuana y acidez lisérgica y una canción pop (‘More Than a Feeling’, de Boston) resonando como himno-mantra en remix con la gloria de Bach y el ‘Ivanhoe’ de Walter Scott filtrado por la filosofía de Kant como generador de visiones nocturnas y falta de sueño y casi psicosis y vidas delictivas y fantasías arcano-ocultistas y paganismo y psiquiatría y un dar vueltas en círculos que (si bien el desorden mental siempre tiene algo de cíclico y mareante) llega a cansar un poco.

Y, sí, no hace mucho Max Porter hizo más o menos lo mismo en su ‘Shy’ con la ‘lingua franca’ del desesperado desencanto juvenil. Y la mirada con la que se mira todo por momentos recuerda un poco demasiado a la de Ben Lerner. Y por momentos todo resuena como una versión indie y ‘slacker’ de ‘El mago’ de John Fowles. Y, ah, esas tantas ganas de querer sonar —sórdidamente poético o poéticamente sórdido— al tan divino como endiablado ‘Hijo de Jesús’, de Denis Johnson.
Y, claro, ‘Bildungsroman’ mutando a ‘Kunstlerroman’.
Es decir: ‘Pan’ es una novela que cunde.
Así, hay dos modos de encarar el culto a Pan. Por una parte, es más que apreciable su rigor documental (el irlandés crecido en Chicago Clune llega a la ficción luego de firmar dos muy bien recibidas ‘memoirs’ sobre su adicción a la heroína y a los juegos en pantalla y sus ensayos cuestionando ciertas taras de la vida académica agitaron más de un avispero) aunado a una ansiosa cadencia monologuista digna de uno de esos eximios ‘stand up comedians’ con ‘blues’.
Y por momentos todo resuena como una versión indie y ‘slacker’ de ‘El mago’ de John Fowles
Por otro, inquieta y hasta irrita un tanto su oportuno importunismo en algo que parece especial y muy astutamente diseñado para el consumo y el llanto autocompasivo en TikTok (esa rara alegría del dar pena, esa deprimida euforia del miren esto pero mirándome a mí) de aquellos niños que se iniciaron en las maravillas de la lectura con la magia de Harry Porter pero que no demoraron en enfrentarse al hecho de que no han sido por ninguna de las casas de Hogwarts.
‘¡Pánicus atáquicus!’
Fuente:
www.abc.es



