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El oráculo olvidado de Ares: cómo el dios griego de la guerra se convirtió en figura de culto adivinatorio en Asia Menor hace 1.800 años

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En el año 161 d. C., los habitantes de Siedra, una ciudad de Panfilia, en la actual Turquía, acudieron al célebre oráculo de Apolo en Claros con una petición urgente. Unos bandidos procedentes de las montañas del Tauro asolaban sus campos y los amenazaban. El oráculo les ordenó erigir en el centro de la ciudad una estatua del dios Ares, encadenado por Hermes y juzgado por la diosa Dike, y realizar sacrificios ante ella. La escena llegó a inmortalizarse en las monedas que la ciudad acuñó durante el reinado de Marco Aurelio y Lucio Vero.

Este episodio, recuperado y analizado en un estudio reciente del investigador Héctor Arroyo-Quirce, de la Universidad de Valladolid, publicado en el Journal of Ancient History and Archaeology, ilustra una faceta del dios Ares que la tradición clásica había relegado a un segundo plano: su dimensión oracular. Lejos de ser solo el dios de la guerra iracundo y sanguinario que describe Homero, Ares actuaba en el sur de Asia Menor como una divinidad protectora, objeto de cultos locales.

El trabajo de Arroyo-Quirce reúne evidencias epigráficas, numismáticas y arqueológicas para trazar un mapa inédito del culto de Ares en la Anatolia grecorromana, desde Pisidia hasta Licia, pasando por Panfilia y Licaonia. Las evidencias desafían la imagen canónica del dios y revelan un paisaje religioso híbrido, donde las divinidades locales de la guerra se fusionaron con el Ares griego para crear algo radicalmente distinto.

El trabajo de investigación firmado por Arroyo-Quirce reúne evidencias epigráficas, numismáticas y arqueológicas para trazar un mapa inédito del culto de Ares en la Anatolia grecorromana.

Ares
Ares, Centrale Montemartini. Fuente: Wikimedia

El Ares del tridente: un icono que desafía a Poseidón

Una de las evidencias más desconcertantes procede de Amblada, en la Pisidia oriental. Las monedas acuñadas durante el reinado de Cómodo (entre 177 y 192 d. C.) muestran a Ares sosteniendo un tridente, el atributo por excelencia de Poseidón. La leyenda que figura en el reverso lo denomina el «nuevo Ares». La ciudad contaba incluso con una tribu cívica que llevaba el nombre del dios, prueba de su arraigo institucional.

¿Por qué portaba Ares el tridente en esta ciudad? Según el autor del estudio, es más que probable que el tridente refleje características de los cultos locales, de naturaleza mítica o ritual, que hoy permanecen ocultas. Algunas monedas posteriores, acuñadas bajo el filósofo Artemidoro, muestran al dios sosteniendo simultáneamente el tridente, el ánfora, la lanza y el escudo. Esta combinación sugiere una estrategia deliberada de helenización cultural que fusionaba atributos de distintas divinidades.

El caso de Amblada parece demostrar que el Ares anatolio no era una copia del modelo griego. Se manifiesta como una entidad religiosa propia, surgida de la asimilación de antiguas divinidades guerreras locales (relacionadas, quizás, con el dios luvita Iyarri y con el Marte romano) que adoptaron el nombre griego sin renunciar a sus peculiaridades.

En las monedas de Amblada, Ares porta un tridente. Se manifiesta como una entidad religiosa propia, surgida de la asimilación de antiguas divinidades guerreras locales.

Estatua y flores
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Un dios que habla: los oráculos alfabéticos de Kabalia

En 2017, los investigadores Dökü y Kileci exploraron un valle remoto del distrito de Burdur, en el suroeste de Turquía. En el interior de una cueva, hallaron una inscripción votiva dedicada a Ares y, en el exterior, adosado a la roca, un oráculo alfabético. Se trata de un texto con 24 respuestas en verso, una por cada letra del alfabeto griego, que los consultantes extraían al azar. La figura representada junto al texto, portando una fíala en la mano derecha y un escudo en la izquierda, era, según la interpretación de los excavadores, el propio Ares.

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Este hallazgo resulta excepcional, ya que los oráculos alfabéticos del sur de Asia Menor estaban habitualmente asociados a Apolo, en ocasiones junto a Hermes o Sarapis, pero nunca, hasta ahora, a Ares. Las respuestas pertenecen a la llamada Koinetradition o tradición común, un corpus de versos que prometen recompensa tras el esfuerzo, exhortan a la paciencia y apelan al apoyo divino, con un lenguaje agrícola que sugiere que la clientela del oráculo era en su mayoría de origen rural y modesto.

A esta evidencia se suma una dedicatoria singular hallada en el suroeste de Asia Menor: una estatuilla de bronce de Hermanubis, el dios híbrido grecoegipcio, forma helenizada de Anubis, que se ofreció como exvoto al dios Ares. La interpretación más convincente conecta ambas divinidades a través de su carácter oracular. Hermanubis era un dios psicopompo dotado de poderes adivinatorios.

El oráculo alfabético de Ballık también se asocia a Ares. Se trata de un texto con 24 respuestas en verso, una por cada letra del alfabeto griego, que los consultantes extraían al azar.

Hermanubis
Hermanubis, Museos Vaticanos. Fuente: Colin/Wikimedia

El dios encadenado: Ares contra el bandolerismo en el siglo II

Los dos oráculos clarios estudiados por Arroyo-Quirce (el de Siedra, en Panfilia, y el de Iconio, en Licaonia) constituyen el punto más revelador de la investigación. Ambos textos prescriben el mismo ritual: erigir una estatua de Ares encadenado por Hermes y flanqueado por la diosa Dike o Thesmos, la Justicia, como remedio contra una amenaza externa. Según el estudio, esta similitud de los rituales demostraría que no respondían a los panteones cívicos locales, sino a un horizonte religioso panhelénico de mayor alcance.

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El oráculo de Siedra, inscrito en un bloque de caliza en el punto más elevado de la ciudad, describe en 13 hexámetros dactílicos la amenaza de una «horda enemiga» que perturba la paz. El texto ordena encadenar a Ares con las argollas de hierro de Hermes, para transformar al dios sanguinario en una divinidad pacífica capaz de expulsar al enemigo. Tal enemigo se ha identificado con los bandidos endémicos del Tauro, una plaga que azotó la región durante el siglo II d. C.

Para protegerse de los bandidos, el oráculo de Siedra ordenó a la población erigir en el centro de la ciudad una estatua del dios Ares, encadenado por Hermes y juzgado por la diosa Dike, y realizar sacrificios ante ella.

Estatua
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

Un paisaje religioso híbrido y sin fronteras claras

El conjunto de evidencias reunidas por Arroyo-Quirce dibuja un Ares anatolio multifacético: guerrero y oráculo, protector de las cosechas y el ganado, capaz de adoptar atributos de Poseidón, de recibir ofrendas de dioses egipcios y de dictar respuestas alfabéticas en santuarios rupestres. Esta complejidad es fruto de un proceso histórico preciso, en el que las antiguas divinidades guerreras de Anatolia, con una función protectora que se extendía más allá del campo de batalla, encontraron en el nombre de Ares un código cultural compartido para reinterpretarse sin desaparecer.

Referencias

Arroyo-Quirce, H. 2026. «Revisiting the Cult of Ares in Greco-Roman Asia Minor». Journal of Ancient History and Archaeology, 13(1): 214-223. DOI: http://dx.doi.org/10.14795/j.v13i1


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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