LAS PALMAS DE GRAN CANARIA, 11 Jun. (EUROPA PRESS) –
El sexto día en España del Papa ha comenzado con una visita al muelle de Arguineguín, en Gran Canaria, conocido como el ‘muelle de la vergüenza’ tras el hacinamiento en la acogida de inmigrantes que se produjo en 2020 durante la pandemia de Covid y los meses posteriores, que León XIV ha querido resignificar como «el muelle de la esperanza».
La esperanza de que Europa haga «examen de conciencia» ante el drama migratorio, para que el Mediterráneo y el Atlántico dejen de ser «cementerios sin lápidas», defendió. Así, el Papa advirtió desde Arguineguín de que la dignidad humana «no tiene pasaporte».
«Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante», ha clamado el Pontífice.
Allí, escuchó los testimonios de personal de atención a migrantes y de llegados a España en patera o cayuco. Uno de los momentos más emotivos tuvo lugar ante el testimonio de una mujer de Nigeria víctima de trata. Secuestrada por una mafia que la violó, la separó de su bebé tras una peligrosa travesía en patera hacia España y que la obligó a prostituirse. Su historia tuvo que ser leído por otra mujer para motivos de seguridad.
Antes de oficiar una misa en el Estadio de Gran Canaria ante unas 41.000 personas, el Papa recibió la Llave de Oro de Las Palmas de Gran Canaria con motivo de su visita y de manos de su alcaldesa, la que fuera ministra de Sanidad, Carolina Darias.
A continuación, León XIV protagonizó en la Catedral de Gran Canaria un evento con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral. En él, dijo reconocer en los canarios un pueblo «sin límites ni fronteras» que está dispuesto a despedir con una lágrima a los que se van y a recibir «con los brazos abiertos a los que llegan».
«Ustedes los canarios, nativos o por adopción, tienen el privilegio de gozar cada día de la presencia majestuosa del mar. Dicen que en los ojos de un isleño esta imagen, que tiene sabor a patria y hogar, permanece grabada en sus pupilas de manera perenne y que se echa mucho de menos al estar lejos, tierra adentro», ha dicho.
Por último, el Papa arrancó su cita más multitudinaria con un paseo en papamóvil en el que bendijo a hasta quince bebés, durante el recorrido que realizó por el entorno y el interior del Estadio de Gran Canaria.
El Pontífice llegó al recinto deportivo de la capital grancanaria pasadas las 18.00 horas e inició un trayecto entre los aplausos y saludos de miles de fieles congregados tanto en la fanzone, como en el Gran Canaria Arena y el propio estadio, muchos de ellos visiblemente emocionados.
A continuación, lideró la misa ante unas 41.000 personas entre los tres espacios, según explicaron a Europa Press fuentes de la Diócesis. Personas de muchas nacionalidades y en muchos idiomas fueron dando testimonio ante la atenta mirada de los asistentes y de León XIV.
PIDE BAJARSE «DE LOS PEDESTALES DE LA ARROGANCIA QUE DIVIDE»
En ella, rezó por los migrantes que han muerto en el mar, pidió «humanidad, misericordia y compasión» y llamó a «bajar de los pedestales de la arrogancia que divide» para «gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor» y para encontrarse «en la humildad que hermana».
Advirtió de que la caridad no es «mero asistencialismo» sino «integrar a las personas, para su plena realización –espiritual, intelectual y física– y su inserción digna y constructiva en la comunidad».
«Sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor», subrayó.
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