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Hallan 2.192 perlas del Golfo Pérsico en una tumba neolítica china: revelan una ruta de 5.000 años desconocida entre Oriente y Occidente

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El extremo occidental del corredor chino de Hexi, esa franja de tierra que durante milenios sirvió de arteria entre el mundo mediterráneo y el Lejano Oriente, es una región árida. Un desierto. El mar se encuentra a cientos de kilómetros y, sin embargo, los frutos del océano encontraron el modo de llegar a esta tierra hace miles de años. Así lo han demostrado los arqueólogos responsables de la excavación del asentamiento de Xihetan, quienes encontraron más de 2.000 pequeñas esferas blancas enterradas en tumbas, suelos de viviendas y capas de ceniza. A simple vista, parecían cuentas de piedra caliza o de hueso, un tipo de ornamento habitual en los yacimientos neolíticos de cualquier continente. Un análisis científico minucioso, sin embargo, reveló algo mucho más sorprendente.

Un estudio, publicado en 2026 en el Journal of Archaeological Science por un equipo de investigadores de la Universidad Noroeste de China y el Instituto Provincial de Reliquias Culturales de Gansu, las ha identificado como perlas de agua marina. Son, además, las perlas más antiguas y numerosas del corredor de Hexi. Su coexistencia con hachas de guerra de piedra, objetos de bronce, conchas marinas y semillas de trigo de origen occidental convierte a este yacimiento en un nudo extraordinario de la prehistoria global.

Los arqueólogos del yacimiento de Xihetan encontraron más de 2.000 pequeñas esferas blancas enterradas en tumbas, suelos de viviendas y fosas de ceniza.

Perlas prehistóricas en China
Perlas. Fuente: Zeng et al. 2026

Un laboratorio prehistórico: las 2.192 esferas de Xihetan

El yacimiento de Xihetan se localiza en el municipio de Qingshui, Jiuquan, provincia de Gansu. Se trata de un gran asentamiento que floreció durante la transición entre el Neolítico tardío y la Edad del Bronce, en una zona que, históricamente, funcionó como encrucijada comercial a lo largo de la Ruta de la Seda.

Las excavaciones han sacado a la luz decenas de cimientos de casas, además de fosas de torrefacción, silos, hornos alfareros y corrales. También han aparecido artefactos con marcados rasgos occidentales, como mazas de guerra y objetos de metal, además de restos de trigo común (Triticum aestivum) y cebada (Hordeum vulgare), todos ellos de origen foráneo.

Entre los ornamentos descubiertos, destacan esas 2.192 cuentas blancas. Sus diámetros oscilan entre 3 y 12 milímetros, aunque la mayoría ronda la franja de 4 a 7 milímetros. Algunas presentan perforaciones completas o parciales, mientras que otras carecen de agujero. La diversidad de estados de conservación aportó las primeras pistas sobre su composición mineral. Al examinar las piezas rotas bajo microscopía de gran profundidad de campo, los investigadores observaron patrones concéntricos similares a los anillos de un árbol en las secciones transversales, con núcleos irregulares de color grisáceo o negro en el centro. Esta estructura replica con exactitud la anatomía interna de las perlas naturales.

Los diámetros de las perlas oscilan entre 3 y 12 milímetros, aunque la mayoría ronda la franja de 4 a 7 milímetros. Algunas presentan perforaciones completas o parciales, mientras que otras carecen de agujero.

Perlas
Perlas. Fuente: Pixabay

La firma química del mar: ¿agua dulce o salada?

Para el equipo de investigación, identificar las cuentas como perlas era solo el primer paso. Había que determinar si provenían de un entorno de agua dulce o salada para poder rastrear su origen geográfico. Para ello, era necesario establecer la composición en elementos traza, analizada mediante LA-ICP-MS en siete muestras seleccionadas al azar.

Los resultados mostraron que el contenido de manganeso de todas las perlas analizadas se encuadra en el rango propio de las perlas de agua marina. Aunque el contenido de estroncio resultó más bajo de lo esperado para este tipo de perlas (algo que los investigadores atribuyen a la pérdida de estroncio durante el prolongado enterramiento), la relación Mn/Sr de aproximadamente 0,076 confirmaría una procedencia marina.

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Todos los indicadores apuntan en la misma dirección: las piezas de Xihetan son perlas de calcita de origen marino, probablemente producidas por una especie de ostras de la familia Ostreidae. Este tipo de perlas calcíticas se alejan de la imagen convencional de la perla nacarada y redonda: de hecho, constituyen una rareza documental en la arqueología prehistórica. Su presencia en el interior de China complica el mapa, y lo enriquece de forma extraordinaria.

Todos los indicadores apuntan en la misma dirección: las piezas de Xihetan son perlas de calcita de origen marino, probablemente producidas por una especie de ostras de la familia Ostreidae.

Análisis Raman de varias capas de un ejemplar de perla
Análisis Raman de varias capas de un ejemplar de perla. Fuente: Zeng et al. 2026

El Golfo Pérsico: la cuna de la cultura de la perla

La región del Golfo Pérsico se documenta arqueológicamente como la cuna de la cultura perlera mundial. Algunos ejemplos se remontan a 5.800 a.C. en la isla de Marawah, cerca de Abu Dabi. Otros sitios cruciales son el cementerio de Umm al-Qaiwain en los Emiratos Árabes Unidos (5.500 a.C.), el yacimiento de Jebel al-Buhais (5.200–4.000 a.C.) o el asentamiento de Akab (4.700–4.100 a.C.).

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Hacia el año 5.000 a.C., las costas del Golfo Pérsico ya albergaban centros especializados en la producción y transformación de perlas. Las herramientas de perforación y los restos de talleres atestiguan una industria organizada. Entre 4.000 y 3.000 a.C., una red activa de comercio de perlas conectaba el Golfo con la civilización mesopotámica. En el yacimiento de Uruk se han encontrado sartas de perlas datadas en torno al 4.000 a.C., atribuidas a intercambios con la península arábiga oriental. Desde allí, las perlas viajaron hacia el norte y el este, hacia Asia Central.

En Turkmenistán, por ejemplo, la cueva de Džebel albergó un taller de ornamentos perlados activo durante el Neolítico temprano. Los yacimientos uzbekos de Tuzkon, Darvozakir I y Darvozakir II, por su parte, proporcionaron 56 joyas elaboradas con perlas, turquesa, lapislázuli y concha. Esta cadena de yacimientos, ordenados cronológicamente desde el Golfo Pérsico hasta Asia Central, anticipa la ruta que siguieron las perlas antes de llegar al corredor de Hexi.

Imágenes microscópicas de algunos ejemplares de perlas
Imágenes microscópicas de algunos ejemplares de perlas. Fuente: Zeng et al. 2026

Una autopista de 4.000 kilómetros: la ruta de las perlas a China

El contexto arqueológico de las perlas de Xihetan resulta revelador. En la tumba M5, por ejemplo, se hallaron junto a objetos de bronce, conchas marinas y cuentas de piedra verde. En el propio yacimiento también aparecen mazas de guerra de origen anatólico, restos de cultivos cereales de procedencia occidental y evidencias metalúrgicas del estilo de las culturas de Asia Central. El patrón de distribución de estos objetos, prácticas y elementos foráneos resulta consistente: todos aparecen en China con un retraso de siglos respecto a su zona de origen y se concentran a lo largo de la misma franja de territorio.

Las perlas reproducen ese mismo itinerario. Las más antiguas del Golfo Pérsico datan del 5.800 a.C., mientras que las de Asia Central son algo más tardías. Las de la región china del Hexi, como las de Xihetan, se sitúan en torno al 2.000 a.C. Esta cronología escalonada permite a los investigadores trazar una ruta de transmisión que avanza de oeste a este a lo largo de milenios, a través de múltiples nodos culturales y geográficos, antes de alcanzar el interior de China.

Las perlas siguieron una ruta de transmisión que avanzó de oeste a este a lo largo de milenios, a través de múltiples nodos culturales y geográficos, antes de alcanzar el interior de China.

Mujer con perlas
Recreación fantasiosa. Fuente: Midjourney/Erica Couto

El hilo invisible que conectó dos mundos

Lo que el estudio de Xihetan deja ver, con una claridad infrecuente en la arqueología prehistórica, es que el comercio a larga distancia ya se tejió en la Prehistoria. Cuatro mil años antes de Cristo, las perlas del Golfo Pérsico ya circulaban hacia Mesopotamia y, mil años más tarde, alcanzaban Asia Central. Hacia el 2.000 a.C., las esferas de nácar marino descansaban en las tumbas de agricultores y artesanos del interior chino, a miles de kilómetros del océano más cercano.

Este largo recorrido fue un proceso de transmisión escalonada a través de múltiples nodos culturales, en el que cada comunidad receptora reinterpretó el objeto y lo incorporó a su propio universo simbólico. Las perlas de Xihetan son, en ese sentido, la mejor metáfora de lo que sería la Ruta de la Seda siglos más tarde: un sistema nervioso que conectaba civilizaciones lejanas mediante la suma de incontables intercambios en el tiempo y en el espacio.

Referencias

Zeng, L., Huang, Y., Yang, Y., Ling, X., Zhao, G., Zhao, C. y Chen, G. 2026. «The Circulation of Pearls in the Eastern and Western Worlds During the Neolithic Age: New discoveries from the Xihetan site in the Hexi Corridor, China». Journal of Archaeological Science, 190, 106554. DOI: https://doi.org/10.1016/j.jas.2026.106554


Fuente:

muyinteresante.okdiario.com

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