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Joan Segovia | @JoanRohan
La película de That Time I Got Reincarnated as a Slime: Lágrimas del mar celeste funciona mejor cuando aceptamos lo que realmente es: una aventura de relleno para quienes ya conocen a Rimuru Tempest y a su grupo, no una puerta de entrada pensada para atraer nuevos espectadores. En ese terreno, la propuesta se defiende bastante bien para lo que podría haber sido. Tiene una duración razonable, no se estira más de la cuenta y mantiene un nivel de animación sólido, con momentos de acción muy vistosos y un uso del 3D que encaja con la identidad visual de la serie. Los efectos de agua, todo el entorno marino y los ataques mágicos de Rimuru vuelven a apoyarse en esos recursos digitales que la franquicia ya ha normalizado tras tantas temporadas, y aunque no pretenden pasar inadvertidos, rara vez molesta el contraste con la animación en 2D.
Como película independiente se queda muy muy corta; pero como regalo para seguidores, cumple con bastante dignidad
Además de su apartado visual, uno de sus grandes aciertos está en la música. La banda sonora no se limita a rellenar escenas, sino que ayuda a que varias tengan más fuerza de la que tendrían sobre el papel, incluso siendo uno de los motores narrativos en el tercer acto de la película. El conjunto funciona especialmente bien en los combates, donde la música empuja el ritmo y aporta una épica que la historia, sinceramente, no siempre consigue por sí misma. En una película con una trama tan sencilla como esta, ese apoyo sonoro resulta importante, porque convierte algunas secuencias bastante convencionales en momentos más disfrutables. Buena prueba de ello es la presentación de Yura y como conoce a Gobta.
La historia, en cambio, es claramente lo menos estimulante del conjunto. Rimuru y sus amigos aceptan la invitación de Elmesia para pasar unos días en una isla resort, y allí aparece Yura, una fugitiva relacionada con el reino submarino de Kaien, vecino a la isla. A partir de ahí, la película entra en una trama de conspiraciones palaciegas, luchas de poder y la posible invocación de un gran dragón elemental marino capaz de poner en peligro mucho más que unas simples vacaciones veraniegas. Dicho así puede sonar como una gran trama llena de giros y detalles, pero en pantalla se percibe como una historia de relleno bastante reconocible. No es aburrida porque está bien medida, pero tampoco es una obra imprescindible de la animación.
Curiosamente, lo más interesante de la trama no está en la amenaza del dragón elemental ni en las intrigas políticas, sino en la relación que nace entre Yura y Gobta. Ahí la película encuentra un punto de apoyo más humano y más simpático. Gobta, por su aspecto y por su naturaleza cómica, parece que podría romper el tono romántico, pero esa mezcla acaba siendo precisamente lo que da algo de personalidad a That Time I Got Reincarnated as a Slime: Lágrimas del mar celeste. La película sale ganando cuando se centra en ese vínculo que no cuando intenta convencernos de que la conspiración submarina es apasionante. Y por suerte, esta historia de amor, entre lo cómico y lo sensible, termina siendo el motor que arrastra a los protagonistas hacia los problemas.
Aun así, el principal obstáculo es que la película exige demasiado al espectador que llega desde fuera. Aunque hay una introducción pensada para situar mínimamente el mundo y a Rimuru, no basta para entender los matices en las relaciones, las jerarquías, los vínculos afectivos y el tono particular de este universo. Quien no haya visto al menos dos o tres temporadas del anime puede seguir la trama general, pero perderá buena parte de lo que hace que los personajes importen. Y ahí la película se cierra mucho sobre su propio público.
Para quienes sí llevan la serie al día, la experiencia cambia bastante. Los guiños a capítulos anteriores, las bromas recurrentes y ciertas conexiones con sucesos posteriores, de la cuarta temporada que ahora está en emisión, hacen que la película resulte más agradecida. No porque sea una pieza imprescindible para entender la historia principal, sino porque ofrece un viaje entretenido, bien animado y con el suficiente cariño hacia sus personajes como para justificarse. Lágrimas del mar celeste no brilla por su guion ni de lejos, pero sí por su acabado, su respeto a la serie de animación, su música y por una historia romántica inesperadamente central. Como película independiente se queda muy muy corta; pero como regalo para seguidores, cumple con bastante dignidad.
Fuente:
www.nuevatribuna.es



