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Ganamos, y no voy a decir una palabra más, porque esta es una tribuna de análisis político y no de fútbol, y porque no me quiero sumar a ese discurso, en realidad tan triste, de que logramos ponernos de acuerdo detrás de nuestros chicos y nuestras chicas cuando no podemos ponernos de acuerdo ni siquiera en una letra de un himno nacional para que la canten en los partidos. Ganamos, ganó el país en el que ya no tienes que ser bajito, moreno y de piel blanca para ser español, sino que puedes tener la piel negra, los ojos rasgados, el pelo ensortijado, y ser tan español como Rajoy e incluso menos tonto. Ganamos, y estamos celebrándolo con toda justicia, como en el veintitrés cuando ganaron nuestras futbolistas, acompañando con su victoria un historial de progresos de las mujeres que no gusta a las gentes del toro de Osborne.
Es el fútbol y es todo lo demás, con la gasolina que parece que hierve a juzgar por los precios a causa de la guerra que Trump no sabe cómo terminar
Ya estamos, dirán algunos, pero alguien tiene que decir que no ganó una España ni la otra sino la España que es, la que queda en la playa después de cada flujo y cada reflujo de cada ola de mala leche.
Y la vida sigue, y el presidente del Gobierno viaja de Nueva York a Argelia para coser pacientemente heridas que algunos estamos aun rascándonos, y Trump sigue sembrando dudas sobre las elecciones que va a perder en noviembre, precisamente porque las va a perder, y aunque no salga en los periódicos seguro que en Gaza y Cisjordania sigue muriendo gente porque allí sigue habiendo un asesino suelto.
Es el fútbol y es todo lo demás, este verano tambaleante en el que la burbuja de las tecnológicas amenaza estallar en cualquier momento -el verano es propicio para que las burbujas estallen en septiembre, no pregunten por qué, pero eso es lo que dice la experiencia-, y tiene uno la tentación de decir que ojalá estalle. Pero la reprime.
Es el fútbol y es todo lo demás, con la gasolina que parece que hierve a juzgar por los precios a causa de la guerra que Trump no sabe cómo terminar. La noche del mundial, viéndolo quedarse en la foto de la victoria con los campeones mientras su lacayo de la FIFA trataba de explicarle que ese ya no era su sitio, uno se hacía una idea de en qué manos estamos.
La vida sigue, y toma posesión el nuevo primer ministro británico, una nueva incógnita, tal vez una esperanza, y los socialistas madrileños deciden no premiar el aviso que Enma López ha tenido el valor de enviar, y que es preciso agradecer, porque el valor es un bien escaso en política. Cuando sale bien puede salir muy bien, hay jefes de gobierno que lo demuestran.
Ganamos. Que ustedes lo disfruten, como sin duda lo estoy haciendo yo. Las buenas noticias siempre son bienvenidas. Enhorabuena.
Fuente:
www.nuevatribuna.es




