No voy a ir al concierto de Bad Bunny, ni a la misa del Papa. No me interesa el Mundial. Pasaré el verano sin grandes viajes. Como introvertida, poseo cierta inmunidad natural al FOMO, el fear of missing out (miedo a perderse algo). Encuentro placer, de hecho, en quedarme fuera de las cosas: siempre he creído que lo mejor de una fiesta es largarse de ella. Pero aunque no pague unos cientos de euros por ver a Benito, ni vaya a dejarme más de un salario mínimo mensual para ver un partido en la fase de grupos de Atlanta, eso no quiere decir que viva ajena a la economía del FOMO, porque nadie puede ya escapar de ella.
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Fuente:
elpais.com



