Publicada por primera vez en 1962, la novela ‘Tiempo de silencio’ marcó un antes y un después en la narrativa española contemporánea. Escrita por Luis Martín-Santos (Larache, 1924 – Vitoria, 1964), psiquiatra y escritor, el manuscrito situó a España en el mapa de … la modernidad literaria de posguerra. Con una estructura fragmentaria, un lenguaje cargado de ironía y una mirada existencial, el libro retrata el descenso moral y social de Pedro, un joven médico investigador que, en su intento por estudiar el cáncer en el Madrid de la miseria y la represión, acaba enfrentándose al fracaso personal y colectivo de la España del franquismo. Su publicación abrió una brecha en el realismo social dominante y dio paso a una narrativa más compleja, influida por James Joyce, William Faulkner, Marcel Proust y Ramón del Valle-Inclán. Hoy, más de sesenta años después, ‘Tiempo de silencio’ vuelve a ocupar el centro del debate literario. La aparición de una nueva edición crítica a cargo del filólogo Alfonso Rey, basada en el mecanoscrito original conservado en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, ha reabierto tanto el interés académico por la obra como una polémica entre el editor y los herederos del autor. A eso se suma una nueva reedición de ‘Vidas y muertes de Luis Martín-Santos’, premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias (Tusquets, 2009), que su autor José Lázaro acaba de publicar en el sello Triacastela.
Reconstrucción filológica
Rey, especialista en la obra de Martín-Santos, afirma que la edición por él recién editada con Letrame es «la más rigurosa hasta ahora». Su propósito es ofrecer un texto «fiel a la voluntad del autor». Fundamentada en la copia que el escritor presentó al censor en 1961, busca restituir fragmentos suprimidos y corregir errores acumulados durante décadas, acompañando todo el texto con anotaciones que aclaran «las dificultades léxicas, culturales y científicas que la novela plantea». La primera edición de ‘Tiempo de silencio’, de 1962, salió mutilada por la censura franquista, lo que obligó a eliminar capítulos y fragmentos sobre prostitución, pobreza, sexualidad y crítica social. Una segunda versión póstuma, publicada en 1965, devolvió parcialmente algunos pasajes, pero introdujo también erratas y ajustes de estilo ajenos al autor. La llamada edición definitiva, de 1980, presentada por Seix Barral como restauración integral, resultó aún más problemática. Según Rey, «acumulaba errores de lectura, omisiones y frases mal interpretadas».
El descubrimiento decisivo llegó entre 2012 y 2014, cuando el investigador italiano Andrea Bresadola halló en el expediente de censura el mecanografiado original de Martín-Santos, con tachaduras y anotaciones manuscritas. Gracias a ese documento, fue posible rastrear qué partes había suprimido el censor, cuáles fueron autocensuradas por el autor y qué alteraciones introdujo la editorial. Rey sostiene que ese hallazgo «obliga a revisar todas las ediciones anteriores» y justifica su nueva propuesta crítica. Entre los fragmentos restablecidos figuran alusiones a los calabozos de la Dirección General de Seguridad —«tan llenas de unos secretos calabozos de los que nadie habla pero que mantienen adheridos por lapsos de tiempo indeterminados sus gusanos humanos»— y reflexiones prohibidas sobre la rebelión política y la fe religiosa. También rescata la frase en la que Martín-Santos sugiere que el hombre procede «de la materialidad inerte», una idea que, según el filólogo, «la censura habría considerado herética». Además, Rey corrige centenares de variantes lingüísticas que, insiste, «desnaturalizaron el estilo preciso e irónico» del autor. «Aisladas parecen triviales —dice—, pero vistas en conjunto revelan una trivialización del texto».
Habla la familia
Según Rey, durante años, las editoriales y universidades interesadas en reeditar su estudio se encontraron con la negativa de los herederos del autor. Tanto Seix Barral como la Universidad de Santiago de Compostela y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes intentaron recuperar su edición crítica de 2000, hoy agotada, sin éxito. Esa es la versión que Alfonso Rey explica a ABC. Ante esas dificultades, el académico optó finalmente por de forma independiente bajo el sello Letrame. Pese a las tensiones, insiste en que su objetivo no es polemizar, sino «preservar el valor literario» de un texto que considera «deformado» por medio siglo de transmisiones erróneas cuya responsabilidad atribuye a la familia.
El hijo del novelista, Luis Martín, niega toda intención de censura o bloqueo por parte de los herederos. En declaraciones a ABC, explicó que la decisión de no autorizar la reedición de Rey responde a un proyecto mayor: la publicación de las obras completas de su padre con el sello Galaxia, un plan editorial con criterios unificados. «No le dimos el permiso, no porque no nos gustara su trabajo —afirmó—. Había hecho un gran esfuerzo, pero desde el centenario de nuestro padre, en 2024, iniciamos un proceso de publicación coordinada, y era necesario mantener la coherencia».
El proyecto familiar, editado por Galaxia Gutenberg, ya incluye cuatro volúmenes —narrativa breve, ensayos sobre psicoanálisis existencial, novelas inéditas y teatro, así como un próximo volumen de poesía— y prevé una futura edición crítica de ‘Tiempo de silencio’ dentro de la misma colección, prevista para 2028, tal y como confirma a este periódico tanto el editor Joan Tarrida como el heredero Luis Martín. «Nos pareció oportuno interrumpir ese trabajo paralelo, no por confrontación, sino por orden y coherencia», aclaró Martín, quien lamenta que Rey «se haya visto obligado a autopublicarse». «No ha habido ninguna intención agresiva», sostuvo. «Actuamos con transparencia, sin ningún afán de obstaculizar. Pedimos simplemente paciencia para completar un trabajo que requiere cuidado y tiempo».
El centenario y la construcción del legado
El centenario de Luis Martín-Santos, celebrado en 2024, ha revitalizado el interés por su figura. La familia ha impulsado la publicación de dos novelas inéditas, un volumen teatral con seis obras desconocidas, una exposición en la Biblioteca Nacional y otro evento en San Sebastián, además de un documental en RTVE y un congreso académico internacional organizado por la Universidad Pompeu Fabra y la Complutense.
«Todo esto demuestra —afirma Luis Martín— que el legado de mi padre está siendo tratado con rigor y respeto». Su propósito, dice, es mostrar «el derroche de talento» de un autor que, más allá de su única novela famosa, dejó una obra diversa y profunda. Respecto a la reciente reedición de una biografía premiada de 2009 que incluye inéditos sin autorización, el heredero advierte que se trata de un «tema delicado». «Nosotros dijimos en su momento que no debía publicarlos. Ahora el autor ha optado por hacerlo por su cuenta. Aún no hemos visto el libro y no podemos opinar, pero creemos que la decisión debe pasar por un control editorial responsable».
Un clásico en disputa
‘Tiempo de silencio’ sigue siendo una pieza clave para entender la España de posguerra: una novela que expuso la miseria física y moral del franquismo mediante innovaciones técnicas y una crudeza expresiva inédita en su tiempo. Su actual disputa editorial agrega un nuevo capítulo a esa historia de tensiones entre libertad y control: la que enfrenta el rigor académico y la administración de un legado literario.
Mientras Alfonso Rey defiende su edición como «una restitución de la voz del autor», la familia apuesta por proteger y organizar su herencia intelectual bajo un proyecto coherente. Ambos coinciden, en última instancia, en un mismo fin: salvaguardar el sentido de una obra que transformó la literatura española del siglo XX. «Cualquiera con buena voluntad puede entenderlo», concluye Luis Martín. «Estamos actuando con claridad y respeto. Nuestro único objetivo es que la obra de mi padre reciba el tratamiento que merece». Por su parte, Alfonso Rey invita a mantener la controversia en el terreno del estudio y la cultura: «Queda al criterio de los estudiosos pronunciarse sobre el texto», dice. «Solo a través de la difusión y el debate se mantiene vivo un clásico».
Fuente:
www.abc.es



