El palco no supo ver la grandeza de la tarde. Ni interpretarla. Ni acompañarla. Y así, lo que fue una función de rejones de altos vuelos en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla terminó reducida a un número corto, incapaz de contar la … verdad que se estaba escribiendo en el ruedo.
Porque lo que hubo fue una corrida de la Familia Capea con el sello de lo que Sevilla exige: bravura con fondo, ese punto de carbón que obliga a cruzarse de verdad y una nobleza que permitió que el toreo a caballo respirara con amplitud. Sobre esa materia viva se construyó una tarde de las que dejan poso: tres lotes de Puerta del Príncipe. Tres. Y solo uno reconocido como tal.
Andy Cartagena entendió la clave desde el primer momento. Lo suyo no fue solo espectáculo: fue pulso con la plaza. Hubo ritmo, riesgo y ese dominio que nace de saber dónde está cada terreno. Tres orejas paseó, sí, pero su tarde fue de más vuelo que número. Especialmente en su segundo, donde todo se desbordó: el toro prendido a la grupa, los embroques cosidos, Sevilla entregada sin reservas. Incluso quedó el susto de un puntazo que, gracias a Dios, no pasó a mayores en Copo de Nieve, después de haber dejado un quiebro de los que revientan la plaza. Cartagena no solo encendió la tarde: la llevó por donde quiso, con esa personalidad que convierte cada actuación en algo reconocible y propio dentro de su espectacularidad.
Pero si la tarde tuvo un latido profundo fue el de Guillermo Hermoso de Mendoza. Su primero nació ya con olor a dos orejas: desde la forma de citar, desde la quietud para esperar al toro, desde esa colocación que no se aprende, se siente. Todo fluyó con naturalidad, con verdad, llevando siempre al animal metido en la grupa, gobernando cada viaje con limpieza.
Y lo grande llegó en el sexto. Con Berlín, la tarde se hizo otra cosa. No fue solo una faena: fue un diálogo en voz baja con el toro. Las hermosinas brotaron solas, largas, templadas, llevando el compás hasta el final, con la plaza en pie. Cada embroque tuvo eco. Cada giro, intención. Cada cite y banderilla, emoción. Sevilla se dejó ir detrás de aquello. Solo un pinchazo previo —en lo alto— antes del rejón de muerte dejó el premio en una oreja. Pero lo que quedó fue de dos y dos. De Puerta del Príncipe. De las que no necesitan firma.
Lea Vicens también tuvo su sitio en esa dimensión de tarde grande. En su primero cortó una oreja tras una actuación firme y asentada. En el segundo, un toro de gran calidad y temple, se abrió la puerta de lo grande. Buscó su clasicismo, su pureza, toreando con despaciosidad y sentido, especialmente a lomos de Bético. Hubo momentos de verdad. Pero le faltó redondear. El rejón de muerte y los descabellos enfriaron lo que pedía otra oreja. Un lote de Puerta del Príncipe que se quedó en una y vuelta al ruedo.
Tres toreros. Tres caminos. Tres lotes de Puerta del Príncipe. Y un palco que no supo llegar a la altura de la tarde.
No fue cuestión de generosidad, sino de sensibilidad. De saber mirar. De entender Sevilla. La plaza habló —clara, honda, sin dudas—, pero arriba no quisieron escucharla. Quedará el número, frío y escaso, pero no la verdad de lo vivido: una corrida que empujó, tres rejoneadores volcados y una Puerta del Príncipe que latió abierta para un alicantino… aunque el palco se empeñara en dejarla cerrada para un navarro que mereció ver Triana a hombros.
Revoleras
El palco: Como ya ocurrió en la tarde de Morante, el palco presidido por Macarena de Pablo Romero no tuvo la sensibilidad necesaria para captar la dimensión de lo vivido. Es cierto que, según el reglamento, las segundas orejas son de su competencia. Pero también lo es que Sevilla no se mide solo con reglamento, sino con pulso. Y hoy, ese pulso, volvió a quedarse arriba a medio camino. El jueves la primera de Morante sí fue de petición mayoritaria. Hoy, directamente, faltó lectura de la tarde.
Copo de Nieve: El caballo hispano-luso de la cuadra de Andy Cartagena sufrió un puntazo en la nalga que obligó a su retirada. Todo quedó en un susto —gracias a Dios— tras haber protagonizado momentos de enorme exposición.
Capea: La ganadería de El Capea–Carmen Lorenzo firmó este Domingo de Preferia en Sevilla una de las corridas de rejones más completas que se recuerdan en los últimos tiempos: bravura, fondo y entrega al servicio del espectáculo.
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Fuente:
www.abc.es



