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El acuerdo de Pretoria se resquebraja ante el aumento de las tensiones en Tigray

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El acuerdo de Pretoria de 2022 se desmorona mientras aumentan las tensiones entre el TPLF y el gobierno de Etiopía en Tigray. Fuente: Paul Kagame

El 11 de julio de 2026, el gobierno del Estado Regional de Tigray publicó un comunicado en el que declaraba “muerto” el acuerdo de Pretoria. Firmado en noviembre de 2022 entre el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) y el gobierno federal de Etiopía, el acuerdo permitió poner fin a las hostilidades entre ambos.

Además, abrió un marco de negociación que prometía una vuelta a la normalidad y la resolución de los conflictos territoriales dentro del marco de la Constitución multinacional del país. Sin embargo, casi cuatro años después, apenas se ha avanzado en el proceso de paz y las conversaciones permanecen estancadas.

Este bloqueo ha favorecido el ascenso, dentro del gobierno de Tigray, de las facciones menos favorables a alcanzar un compromiso, ya que acusan a Etiopía de violar el acuerdo de Pretoria.

En este contexto, los líderes políticos del TPLF, reinstalados en el poder, anunciaron que no participarían en la esperada conferencia del Diálogo Nacional en Adís Abeba, impulsada por el primer ministro Abiy Ahmed el 15 de julio.

Esta evolución también permite comprender la reorganización del Consejo de Ministros emprendida por el gobierno liderado por el TPLF después de desmantelar, en mayo de 2026, la Administración Regional Provisional –la entidad respaldada por la autoridad federal– y reafirmar su control sobre las instituciones de Tigray.

Tensiones militares en Tigray

La ruptura política ha venido acompañada de un aumento de la tensión militar. El TPLF acusa a las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía de movilizar a sus efectivos por toda la región con vistas a una nueva guerra y afirma que actuará en consecuencia.

En un incidente ocurrido el 5 de junio que elevó aún más la tensión, las fuerzas federales llevaron a cabo un ataque con drones contra las Fuerzas de Defensa de Tigray cerca de la localidad de Shiraro, en el que murieron varios combatientes.

A ello se suma la nueva ley del TPLF que ordena la movilización militar obligatoria. El 22 de junio, un joven fue asesinado por negarse a alistarse en la zona oriental de Tigray, un episodio que agravó aún más los temores a una escalada.

Ante este deterioro, Estados Unidos ha tratado de reactivar la mediación internacional y aumentar la presión sobre las partes. En junio, por ejemplo, el Departamento de Estado anunció restricciones de visado contra los miembros de línea dura del TPLF y sus familiares directos en respuesta al aumento de las tensiones en el norte del país.

El principal temor de Washington –y de otras capitales africanas– es que una nueva contienda no quede limitada a Etiopía y termine conectándose con la guerra civil de Sudán, vinculando ambos escenarios en un conflicto regional que afecte a todo el Cuerno de África, una zona cada vez más estratégica debido a su acceso al mar Rojo.

Para ampliar: La pugna por el mar Rojo: las potencias regionales se posicionan en el Cuerno de África

Este riesgo de regionalización se encuentra estrechamente ligado al deterioro de las relaciones entre Etiopía y Eritrea. En un artículo publicado el 11 de junio en Al Jazeera, dos altos funcionarios etíopes, Redwan Hussein y Getachew Reda –quien entre 2023 y 2025 lideró la Administración Regional Provisional de Tigray–, acusaron al TPLF de prepararse, con el respaldo de Asmara, para lanzar un ataque contra Adís Abeba.

Eritrea rechazó estas acusaciones. De hecho, el 25 de junio, su embajador en Catar respondió, también en Al Jazeera, calificando este discurso de “cortina de humo diplomática” destinada a normalizar la “hostilidad no provocada, la retórica incendiaria patrocinada por el Estado y las movilizaciones militares agresivas” de Etiopía contra Eritrea.

Ese mismo día, durante una conferencia sobre seguridad nacional, Getachew sostuvo que el Estado eritreo se encuentra en crisis y que sus dirigentes consideran el desarrollo de Etiopía una amenaza para su propia supervivencia. Por ello, tratarían de debilitar al país, incluso mediante conflictos por intermediarios.

La creciente desconfianza etíope hacia Eritrea también se ve alimentada por sus alianzas regionales. Entre el 7 y el 10 de junio, el presidente Isaias Afwerki visitó Egipto, donde se reunió con su homólogo Abdel Fattah el-Sisi para abordar la evolución de la situación regional y la salvaguarda de la seguridad en el mar Rojo. La visita puso de relieve el excelente estado de las relaciones entre ambos países, una aproximación que Etiopía interpreta como parte de una “estrategia de cerco”.


Fuente:

www.descifrandolaguerra.es

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