Era uno de mayo y parecía San Isidro. Ambientazo de feria en los aledaños de Las Ventas. En su interior, una entrada histórica, con los tendidos rozando el lleno para ver una novillada, con todos los respetos, de tres desconocidos no solo para el gran … público, sino también para muchos aficionados. Todo el éxito taquillero se desinfló con el ganado: no funciona este invento de seis divisas distintas, tan desiguales, con pesos a los que separaban casi 150 kilos. Y no solo por romana, sino por volúmenes y caras: lo mismo y saltaba uno con más puntas que el cuchillo del afilador que otro gachito. Ni tanto ni tan calvo. Hubo que esperar al quinto capítulo para ver lo mejor: Álvaro Serrano, al que apetece volver a ver, y Clandestino, de Peña, frente a frente. El acero se llevaría el premio en una accidentada novillada, de susto en susto. Pero el último, del Retamal, no perdonó a Raúl Ruiz en el último par de banderillas, en el que se la jugó de verdad. Pagó su entrega con sangre: se hundió el pitón en el muslo del subalterno, al que trasladaron inmediatamente a la enfermería con ostensible gesto de dolor. El boquete, con la sangre brotando, anunciaba la gravedad de la cornada, de la que está siendo operado en estos momentos.
Enseñaba las puntas el primero, de Guerrero y Carpintero, un novillo obediente al que le faltaba más empuje. Solo David López conocía las exigencias de Madrid tras su debut estival el pasado año. El madrileño se centró con voluntad en el potable pitón derecho, pero insistió y la gente se impacientó. Qué feo lo prendió Habilidoso al entrar a matar. Por suerte no pareció herirlo, pese a destrozarle la taleguilla.
Astifínisimo el segundo, con unas puntas que no se han visto en la Feria de Abril. Apuntaba al cielo el velamen del Caras Blancas de Carpio, que salió de najas al sentir el hierro en varas. Tremendo momento de apuro cuando Cigarrero Nomad, nombre del animal, se frenó, echó la cara arriba en banderillas. De la que se libró Jesús Aguado tras dudar y quedarse en la cara… De susto en susto íbamos. Tenía muchos partidarios el debutante Ávlaro Serrano, que conectó desde la primera tanda, dando el toque y dejando la muleta puesta, con el uso de la voz mientras el manso se piraba a izquierdas. Faena de más intención que reposo, rematada a la segunda de una contundente estocada, que despertó una cierta pañolada. Saludó.
Más volumente y menos cara traía el tercero, que no agradó al sol. Tuvo la listeza Joel Ramírez, que se presentaba, de lancear con las dos rodillas en tierras para calentar aquello. Pero las protestas regresaron cuando apareció el picador de turno, al que desplegaron una pancarta guasona: ‘Carnicerías Sangüesa’. Para colmo, Molinero acusó su justo poder, y eso enfadó más a algunos. No tenía maldad el de Sandoval, pero cantó demasiado la gallina, tan rajado. Quiso el novel buscar la colocación de uno en uno, pero los espectadores andaban a otra cosa. Voló sobre el toro, con voletereta incluida, y enterró una estocada letal.
Una mole era el cuarto, que no se llevó ni una proteta, con los cuatro años recién cumplidos. Empujó el toro de Ayuso en la primera vara de Carlos Pérez, ovacionado por el callejón. Luego aquello no podría disparar.
Casi a la montera llegaba el alto y acaballado quinto, de Ángel Luis Peña. Iba y venía Clandestino -cuyo bautismo trajo a la memoria el sevillano de la cornada de Morante-. Y Serrano, el más preparado y dispuesto, gustó en el inicio rodilla en tierra y algunos muletazos sueltos, con su aquel en los remates. Le aplaudieron su colocación y el dibujo de varios naturales espléndidos, aprovechando las cosas buenas de Clandestino, que bajó la testa en las telas. Hundió la espada el madrileño, pero salió trompicado y él mismo se llevó el acero, por lo que tuvo que entrar de nuevo. Y pinchó. Lástima: cambió la oreja por los dos avisos en el mejor capítulo del sexteto.
Miniferia de la Comunidad de Madrid
Monnumental de las Ventas
Viernes, 1 de mayo de 2026. Casi lleno. Reses de Guerrero y Carpintero, Caras Blancas de Carpio, Hnos. Sandoval, Toros de Ayuso, Ángel Luis Peña y El Retamar, muy desiguales
David López,
de berenjena y oro: dos pinchazos y estocada (silencio); estocada caída y descabello (silencio).
Álvaro Serrano,
de verde y oro: pinchazo y estocada (petición minoritaria y saludos); estocada que sale, varios pinchazos y descabellos (saludos tras dos avisos).
Joel Ramírez,
de tabaco y oro: estocada (saludos); estocada que hace guardia, pinchazo, estocada y descabello (silencio tras aviso).
De hinojos se plantó Ramírez con el sexto, el que había herido a su banderillero. En la puerta de la enfermería dejó la montera tras brindar al público. Hizo un esfuerzo el chaval con el del Retamar. Qué arreón pegó a David Blázquez el animal, con el acero en lo alto. Pero hizo guardia y tuvo que pasar de nuevo el fielato Joel hasta oír un aviso. Cuando arrastraron al tal Coronelito se dirigió a la enfermería para interesarse por el estado de Raúl Ruiz. La gente abandonaba su localidad conmocionada, pendiente del parte médico.
Fuente:
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