Faltaban quince minutos para las ocho cuando sonaban de fondo los truenos, y el sol se tornó en un cielo cárdeno. Ahí se plantó de rodillas Roca Rey en los medios para comenzar la faena con Curioso. Albert Serra estaba en el burladero de … apoderados junto a Luisma Lozano. Parece que el director de ‘Tardes de soledad’ y el peruano han hecho las paces. El catalán había entrado diez minutos antes de que comenzara la corrida por el patio de arrastre, entre aficionados pidiéndole fotos, como había ocurrido minutos antes con Nacho. Continuando en el aspecto futbolístico, tampoco quiso perderse esta cita Sergio Ramos, ambos amigos de Talavante.
Albert Serra en el callejón de Las Ventas.
(Tania Sieira)
Un huracán comenzó cuando estaba el tercero en el ruedo, que brindó Víctor Hernández a Miguel Martín, al que agradeció el haber entrado en esta corrida y «por poner la comunidad de Madrid en lo más alto del toreo». Ya nadie se abanicaba, todos miraban el mérito que tuvo Hernández frente a Empanado. Miraba Héctor Gutiérrez a su compañero sabedor de lo difícil que es torear así, como él sufrió en la primera de la Copa Chenel, que casi sale volando la plaza.
Salió Encaminado y cayó la mundial. «Es que son gotas gordísimas», comentaban por el tendido 4. «Pero si parece que graniza», apuntaba una aficionada, que valientemente aguantó el aguacero toda la tarde sin nada con que cubrirse. Eso es afición, porque la mayoría de los tendidos huyeron a medida que avanzaba la lidia del cuarto, lógico también porque cada vez costaba más ver a Talavante y al de toro, que desde el burladero de ganaderos veían Pablo y Ricardo del Río, observando la mala suerte que ha tenido su corrida. En los tendidos resistía también el doctor Mariano Barbacid atento al desarrollo de la tarde pese al diluvio. Los que se quedaban aplaudían con entusiasmo, mientras los pasillos de la Monumental parecían el metro de Tokio.

Quienes también aguantaron hasta el final fueron Isabel Díaz Ayuso, que compartía paraguas con Curro Vázquez, con quien compartió la tarde, al lado de Carlos Novillo. Tenía ganas Javier de ver a Roca Rey, pero, al doblar el cuarto lo tenía claro: «Esto se suspende porque está el ruedo imposible». Lo mismo pensaba el maestro Ortega Cano: «Si ya no queda casi nadie en el tendido además…».
Ortega Cano, antes del diluvio.
(Tania Sieira)
No fue así, y, aunque Javier se fue, Andrés indicó al torilero que abriera la puerta de chiqueros. Compañero suyo en la primera cita del Cóndor en Madrid fue Diego Urdiales, que tampoco faltó a esta corrida. Al igual que Tomás Páramo, a quien fue el brindis del quinto. «No quería que pasara la feria sin brindarte un toro», le dedicó el peruano. Desde el tendido, siempre buscando la discreción, observaba Tana Rivera. Más visibles se podían ver a Victoria Federica y Froilán de Marichalar, que aguantaron el aguacero, al igual que Serra. Los rayos seguían cayendo, el agua no paraba, pero Víctor Hernández ni se planteó no echar al sexto. Había tal lleno a las siete, que aún continuaba gente en los tendidos, con las gradas y andanadas abarrotadas, y a ellos fue el brindis del último toro del ciclo.
Victoria Federica bajo el paraguas.
(Tania Sieira)
Se lamentaba Miguel Abellán por la colocación de la espada de su podernante, mientras seguían cayendo rayos sobre Madrid. Muchos aficionados ya habían emprendido el camino a casa, empapados. Otros resistían todavía en los tendidos. «En la ducha me mojo menos», bromeaba un chaval mientras descendía las escaleras de la plaza. Instantes después doblaba el sexto y un nuevo trueno retumbó sobre Las Ventas. Difícil encontrar una traca final más apropiada para resumir la inclemente última tarde un San Isidro.
Fuente:
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