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Antonio Vallejo Nágera

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Como agregado de la Embajada de España en Berlín, en 1917 debía inspeccionar los campos de prisioneros de guerra. Durante su permanencia en Alemania tiene oportunidad de conocer las clínicas psiquiátricas y conocer las teorías nazis; conocimiento que le llevó a tomar partido por dicha ideología.

Ya en España dirigió una serie de clínicas psiquiátricas, entre ellas la de Ciempozuelos. Durante la Guerra Civil se convirtió en el máximo dirigente de los Servicios Psiquiátricos del franquismo, donde desarrolló sus teorías racistas y eugenésicas. Vallejo Nágera formuló su teoría sobre la degeneración de la raza española, que, según él, había ocurrido durante la II República. En 1931 comenzó a dar clases en la Academia de Sanidad Militar, centro donde se impartía la primera enseñanza de la especialidad. A pesar de su afinidad ideológicas entre Vallejo Nágera y López Ibor, ambos psiquiatras sostuvieron una gran rivalidad profesional; rivalidad que les llevó a despreciar cualquier afirmación del otro. Al parecer, era una práctica habitual en la medicina y en la academia española cuando dos «ilustres» catedráticos se dedicaban a una misma rama de especialización. 

Antonio Vallejo Nágera pretendía crear una raza social donde los valores fundamentales fuesen: aristocracia, militarismo y catolicismo

En 1947 es nombrado por las instituciones franquistas profesor de Psiquiatría en la Universiada de Madrid, cargo que desempeñó hasta 1959, siendo el primer catedrático numerario de dicha especialidad en la Universidad española. En 1951 es elegido miembro de la Real Academia Nacional de Medicina. Vallejo Nágera dotó de base científica la política franquista, ya que afirmó que el “marxismo” era una enfermedad incurable. Amparándose en tal pensamiento, se justificaron los robos de bebés para apartarlos de tan terrible lacra y educarlos en los cánones que el régimen impuso. 

Antonio Vallejo Nágera pretendía crear una raza social donde los valores fundamentales fuesen: aristocracia, militarismo y catolicismo. Por dicho motivo, quería extirpar el “gen social rojo” que se había extendido por España. El psiquiatra entendía este “gen” como el entorno que rodeaba al individuo. Afirmaba que la tríada “Dios, Patria y Familia”, principal valor de la raza hispana se había degenerado y que el pensamiento marxista de la lucha de clase había pervertido a la sociedad. Vallejo Nágera se centraba en la influencia de la cultura obrerista que se estaba implantado, la cual desembocaba en una enfermedad social: 

“Las epidemias de San Vito se han visto sustituidas por otras epidemias que causan numerosas víctimas, por haberse traducida en lucha de clases. Han desaparecido de la conciencia colectiva las constelaciones. Dios, patria y familia que tanto influyen en la sensibilidad del pueblo”

Las ideas que había invadido el país durante la República él las consideraba antipatrióticas, extranjeras y corruptoras de los valores hispánicos

“El fenotipo amojamado, anguloso, sobrio, austero, se transformaba en otro redondeado, ventrudo, sensual, venal y arribista, hoy predominante. Tiene tan estrecha relación la figura corporal con la psicología del individuo que hemos de entristecernos de la pululación de Sanchos y penuria de Quijotes”

Atribuía unas características negativas a las “hordas marxistas” y unas características afectivas positivas a los miembros del bando nacional. Los nacionales eran una raza en la que predominaban la religiosidad, el patriotismo, la responsabilidad moral, e inclinación a los valores éticos y estéticos. En contraposición estaban los marxistas, que poseerían unas características que él denominó complejos psicoafectivos, que eran el resentimiento, rencor, envidia, arribismo, ambición.

En la revista, Acción española, del año 1936, el psiquiatra afirmaba lo siguiente:

“En las clases bajas populares predominan los deficientes mentales y los incultos más que en otros estratos sociales superiores”.

Enrique González Duro sostuvo que Vallejo Nágera se proponía restaurar la inquisición, porque el psiquiatra sostenía que el español tenía sangre inquisitorial y era preciso recuperarla por el bien de España.

“Corre sangre de inquisidores por nuestras venas y en nuestros genes paternos y maternos están incrustados cromosomas inquisitoriales”. 

Las mujeres abarrotaron las cárceles, sobre todo en los primeros años de posguerra

Las ideas que había invadido el país durante la República él las consideraba antipatrióticas, extranjeras y corruptoras de los valores hispánicos. Sus ideas fueron bien vistas por el gobierno, ya que en 1938 se encargó al psiquiatra el estudio definitivo que dotaría de carácter científico la represión que se ejercía contra los rojos. Para dicho estudio, Vallejo Nágera creó el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, un organismo que estaba bajo la jerarquía de la dirección de campos de concentración de prisioneros. La institución creada era una copia del Instituto Alemán que difundió las ideas eugénicas nazis.

Desde el Instituto, el psiquiatra desarrolló una de sus teorías, la cual consideraba a los marxistas y los individuos de los estratos sociales más bajos gentes a erradicar para mejorar la raza hispánica. Según él, ésta debía elevarse a sus momentos más gloriosos. Querían experimentar con hombres y mujeres de las prisiones y campos de concentración para identificar y destruir el mal marxista. El estudio se realizó en el campo de concentración de, San Pedro de Cardeña, en Burgos. En dicho campo existían 3.000 soldados republicanos y más de 600 brigadistas internacionales; el estudio fue recogido en el trabajo, Psiquismo del fanatismo marxista. En opinión del psiquiatra, estos postulados mostraban la inferioridad del pensamiento marxista. 

En la Revista Semana Médica Española, 1939. Afirmaba:

«La inferioridad mental de los partidarios de la igualdad social y política o desafectos. La perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales con políticas públicas, a diferencia de lo que sucede con los regímenes aristocráticos donde sólo triunfan socialmente los mejores».

Para él, el ideario marxista y la igualdad social favorecía a los inferiores mentales, incapaces de ideales espirituales y a quienes solo les satisface las apetencias animales. Y en aras a fomentar a los mejores, todo hombre debía estar dispuesto a procrear la raza 

“Constituye un deber de todo buen ciudadano, consciente de la responsabilidad moral de su destino histórico crear una familia, si tiene capacidad y salud para ello. Es el solterón, por regla general, un mal patriota y un mal ciudadano, o un enfermo. Piensen los solterones seriamente sus deberes para con Dios, la Patria y el Estado y confirmarán el precedente aserto […] El ciudadano modelo de la Nueva España será casado y prolífico.”. Vallejo Nágera, Política racial del nuevo estado, Editorial Española 1938, p. 55

El hacinamiento y el tratamiento que recibieron varias de las mujeres que pasaron por allí, bien se podía calificar como “almacén de reclusas”

Vallejo Nájera sobre la mujer 

En mayo de 1939, Antonio Vallejo Nájera consideró que las mujeres eran fundamentales para el estudio que él pretendía y por ello sometió a 50 presas republicanas a un experimento racial; para ello eligió a las mujeres de la prisión provincial de Málaga, entre todo el grupo de edades. Sus investigaciones le permitieron degradar la figura de aquellas mujeres republicanas, que tachaba en sus estudios como, «ser degenerado, lleno de ferocidad y de rasgos criminales», tesis que publicaría años más tarde en la Revista Española de Medicina y Cirugía para dejar constancia de la temible influencia del «gen rojo» y la necesidad de extirparlo. No se conoce la identidad de aquellas mujeres que estuvieron expuestas durante un tiempo a tan humillantes pruebas. El psiquiatra redactó un amplio informe caracterizando a sus víctimas. Aquellas «mujeres marxistas» eran cincuenta: 33 condenadas a muerte, 10 a reclusión perpetua y las 7 restantes tenían penas de entre 10 y 15 años. Hasta les robó el nombre. Ningún archivo pone nombres y apellidos a las presas malagueñas, aunque se conoce cómo el temido psiquiatra las consideraba peligrosas en diferentes niveles de grupos, considerando «las más degeneradas» eran marxistas. Entre las conclusiones, Nágera afirmó que «la mujer roja y la mujer en general tenía rasgos físicos de extraordinaria inferioridad con respecto al hombre». Además, señala como otro de los puntos más importantes: “el marxismo y la revolución unidos a la mujer debían ser tratados médicamente, no políticamente”.

Esperanza Bosch, autora del estudio, La psicología de las mujeres republicanas según el Dr. Antonio Vallejo Nágera, declara en su estudio que el psiquiatra estaba convencido de que las mujeres tenían un virus que era necesario extirpar y que ser de izquierdas tenía una inconfundible relación con la perversión humana. Ante el éxito de las teorías de Nágera, en la posguerra las mujeres republicanas sufrieron una espuria degeneración por parte de la dictadura franquista. Bosch afirma: “a estas mujeres les quitaron a sus hijos para destruir sus mentes y anular sus voluntades». Aquellas cincuenta presas fueron el primer material de un estudio sistemático sobre las teorías nazis, que el Franquismo asumió y practicó.

El psiquiatra afirmaba que el psiquismo femenino tiene muchos puntos con el psiquismo infantil y con el instinto del animal, que ese instinto primario despierta en el sexo femenino la crueldad, ya que carece de la suficiente inteligencia. El psiquiatra, además de buscar el llamado “gen rojo”, definía a la mujer como un ser inferior al servicio de la maternidad; escribió numerosas páginas que intentaban demostrar la inferioridad de las mujeres. Entre otras perlas misóginas, afirmó lo siguiente:

El doctor Vallejo Nágera y otros como él inyectaban a sus pacientes cardiazol

«A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella». 

Con dicha ideología, la experiencia de las mujeres en las cárceles fue tremendamente dura. La permanencia de los hijos en la prisión, ya que muchas de ellas no tenían con quién dejarlos. 

“Aquellas mujeres agotadas, sin leche para criarlos, sin comida que darles, sin agua, sobre míseros petates, sin ropa, sin nada, sufrían doble cárcel”, afirmó Josefina Amalia Villa, en 2001, que había pasado por la prisión madrileña de Ventas. Muchos de aquellos niños acabaron muriendo entre rejas. “Otro rasgo fue el riguroso encierro intramuros, ya que a ellas se les conferían trabajos de costura muy disciplinarios para redimir penas, los propios de las mujeres”. 

Mirta Núñez, profesora y exdirectora de la Cátedra de Memoria Histórica, de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que el principal objetivo era vejar a la mujer que había transgredido los límites de la feminidad tradicional durante la República. De algún modo, esta humillación quería provocar que la vergüenza a la que habían sido sometidas delante de sus vecinos les forzara a regresar al hogar y al ámbito familiar, de donde nunca debieron salir. Igualmente, las presas políticas que habían hecho de enlaces en los partidos o habían combatido como milicianas en el bando republicano, fueron severamente castigadas por “adhesión a la rebelión militar”. Además, sobre las mujeres recaía la losa de ser consideradas traidoras de su género. Toda una visión sostenida en las “investigaciones científicas” del psiquiatra y militar Antonio Vallejo-Nágera, que ha pasado a la historia por sus estudios misóginos sobre la mujer republicana. Fue uno de los impulsores de la segregación entre hijos y madres rojas, con el objetivo de evitar que los pequeños “se contagiaran” de su ideología. “De ahí procede todo el problema de los niños robados”, afirma Mirta Núñez. 

El investigador y profesor de Historia en la Universidad de León, Javier Rodríguez, autor de, León bajo la Dictadura Franquista -1936-1951. Afirma lo siguiente:

“En la dictadura, ellas no solo fueron encarceladas, fusiladas y objeto de torturas y vejaciones, también padecieron una represión específica; una represión ideológica y de género”. 

No debemos olvidar que desde, el principio del alzamiento, las órdenes religiosas entraron de lleno en la dictadura para encargarse de la administración y vigilancia de las presas. Las monjas coaccionaban a las encarceladas para que regresaran al seno de la Iglesia y cumplieran con todos los ritos. En 1940, 22 congregaciones se repartían la gestión de las prisiones en España, entre ellas las Hijas de la Caridad, que lo hicieron en Las Cortes de Barcelona. El gobierno y la Iglesia querían “recristianizar” a la sociedad, para que ésta colaborase en la tarea de perseguir a quienes se alejasen de la moral católica.

El hacinamiento y el tratamiento que recibieron varias de las mujeres que pasaron por allí, bien se podía calificar como “almacén de reclusas”. Algunas recuerdan haber dormido junto a otras seis mujeres en celdas acondicionadas para dos personas. La falta de higiene, las malas condiciones sanitarias, el hambre y la expansión de enfermedades se aliaban allí con la angustia de escuchar cada noche los disparos que en el cercano cementerio del Este acababan con la vida de hombres y mujeres a los que Franco considera enemigos. El doctor Vallejo Nágera y otros como él inyectaban a sus pacientes cardiazol, un fármaco que llevaba al borde la muerte provocaba también el coma hipoglucémico, el choque acetilcolínico, la carbonarcosis, el bombeo espinal, además de realizar intervenciones neuroquirúrgicas (lobotomías, leucotomía, etc.) 

Las mujeres abarrotaron las cárceles, sobre todo en los primeros años de posguerra. La madrileña cárcel de Las Ventas, creada por Victoria Kent, primera directora general de Prisiones de la Historia de España, con el objetivo de modernizar y dignificar las condiciones de las reclusas, se vio desbordada con 3.500, cuando estaba pensada para 500 reclusas. 

Juan Antonio Vallejo Nágera, muere en Madrid el 25 de febrero de 1960.

(De mi ensayo, Los hombres que no amaban a las mujeres)


Fuente:

www.nuevatribuna.es

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